Sobre Fosa Común

Fosa Comun Portada - Portada, contraportada y solapas

Por Jesús Montoya

La voz, tal y como la conocemos, siempre ha sido un síntoma propiciado por el otro. La incursión hacia el lenguaje iniciada por cada hombre, supone una senda cuyo recorrido puede transfigurar el sentido de las cosas. Estamos hechos de palabras, y ellas, como la muerte, permanecen.

            En Fosa Común, de Miguel Marcotrigiano, la muerte no reside propiamente en un anunciamiento de sí misma, es la vida quien habla, quien se manifiesta como una voz múltiple en el poeta, convencida y madura en el poema; pues, ¿acaso es posible hablar de la muerte sin estar sujetos a la vida?, todo el cúmulo de vivencias dibujan, trazan, bosquejan la inmanente arquitectura lírica de un Yo que se condensa en otros.

             En verdad, la construcción de esta obra reside en un canto etéreo y diverso que pasea su melodía por la biblioteca universal de la experiencia de la poética de cada autor que da voz a los textos. El poeta está cara a cara con la muerte, y dice estar muerto, pero es en la muerte. Su Ser es rítmico y en los textos se concreta sobre una cadena de emociones, baila en el ritmo de la tradición literaria; se trata, al fin y al cabo, de la poesía que envolvió los anaqueles del sujeto.

            La muerte resplandece en el lenguaje, no se difumina ni se empaña, la muerte es tan solo una palabra. La poesía, sus nombres y símbolos universales exploran la muerte no como algo desconocido, ignorado, sino más bien como algo familiar y cercano del poeta; el cual, asimismo, alude a una especie de salvación por medio del eco: seco y duro es mi nombre, del lenguaje.

             La poesía como iluminación y aprendizaje, como experiencia y lectura, son ecos del ser del hablante lírico. El espacio en su voz recorre una imagen atrapada, ¿hacia dónde partir cuando ya los caminos se han perdido?, ¿hacia dónde?, si la angustia ha terminado, si el sol se ha secado sobre las hojas escritas en un tiempo que yace extintito. Por tanto, la  experiencia de vida en Fosa común se rige como un largo epitafio, cuyo cincel es tomado por quienes desaparecen al otro lado del río: cavamos nuestra propia tumba en cada poema, dejamos caer el universo y sus caminos en ella, dando un duro golpe de ternura con las palabras y su herencia; la eternidad, y el olvido

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