Sobre “Vos por siempre” de Luis Perozo Cervantes, por Gabriela Rosas (Prólogo)

Vos por siempre - Luis Perozo Cervantes

Uno comienza a leer Vos por siempre, lejos de las nubes. Uno de los primeros versos del libro, nos anuncia: “No te paráis en una nube” y uno va a entenderlo de la mano de Luis Perozo Cervantes; que nos abre la puerta a una voz que se va sembrando y abre paso a la madurez, al barro de la palabra, sin miedo a la música que habita en las entrañas, las entrañas enamoradas, que dan vuelta al corazón. En Vos por siempre  el corazón no es cursi. Este breve libro es una sola bala.

“Nacemos de adentro en la sonrisa”, el poeta sabe que adentro es afuera y el ser también. Nada es a tientas en estas páginas, podemos partir todos los espejos y seguir reflejados en la sombra, propia, ajena. Desde el primero de los 20 poemas que conforman este breve poemario, se busca el corazón y el para siempre, con agallas; sin que esto condene el trabajo de Perozo Cervantes a la experiencia amorosa, como único detonante de su producción poética, aunque es hasta ahora, sin duda, el rasgo más fuerte que la caracteriza.

En este libro, el poeta va sin miedo por lo tantas veces dicho, y lo dice, con el tono de su lengua y todo el ardor, con el sol ardiendo a sus espaldas. Quien arde se purifica, eso ya lo sabemos. Al llegar al quinto poema, nos topamos con la muerte, es amarga y dulce la lectura,  Perozo sabe que es un poder y lo utiliza.  “Subiendo en lo ronco de la sed” así nos sentimos mientras continuamos la lectura. Vamos descubriendo el corazón, sus trampas, la intimidad del voceo, su importancia en estas páginas. Es capaz de nombrar dos veces en un mismo poema al corazón, si de “un corazón del coño” se trata. Y no atardece, la bala va en cámara lenta al pasar cada página. Intimista y breve, como una pequeña habitación después de los amantes, aquí hay duelo, hay nostalgia, hay claridad en la construcción de los versos; uno puede palpar el dolor, las ansias, lo poco que somos ante el adiós, ante las bienvenidas, ante cualquier afecto. Uno recuerda a Elizabeth Schön: “El Ser no es medible”.

El conjunto de poemas que reúne Vos por siempre, es lo necesariamente irreverente sin brusquedad. En estas páginas los girasoles sangran, hay cielo, sin Dios, pero hay cielo en el otro, en él y luego no, luego el olvido: “Vení olvido, llévatelo al culo”. Hablan sus “dos vivos”. “Roto de siempre”, “Qué somos sino el triste olvidarnos”, “Un amanecer nos dura para siempre”. Los versos finales anuncian la lucha: “no le saquéis amistad al adiós // que lo ando buscando para joderlo / y así quedarme con vos / por siempre”.

Este libro es un domingo que llueve con un paisaje hermoso, como todo paisaje amoroso, pero luego oscurece, porque siempre oscurece. Es tierno y feroz en el uso del lenguaje y su breve estructura. Una parte del tan mencionado corazón se quedó seco, está expuesto en este libro. La carne seca es nutritiva, Perozo lo sabe y nos la sirve para decir: Vos por siempre, suicida y alcahueta. Sírvanse.

Gabriela Rosas
Caracas, mayo del año 2015

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