“La transmutación de la memoria”. Palabras de Javier Rondón para el Día Nacional del Teatro.

IMG-20150629-WA0008 Hay una dudosa postal que es la fotografía, tomada desde el escenario, del interior de un teatro de planta elíptica del S. XIX, con patio de butacas y una estrecha galería, con un aforo que rondará las 300 localidades. En la parte de abajo reza: Teatro Baralt. Maracaibo. Se supone que sea el interior del antiguo Teatro Baralt. A mí, esa platea con su ampulosa decoración decimonónica, con sus escudos inclinados y su redondo cielo cargado de musas, no me cabe en el pequeño teatro de duros ángulos que vemos en las —éstas sí, abundantes— fotografías de esa esquina de Maracaibo. Siempre he creído que esa postal equivocada la envió un cónyuge infiel desde los desafueros de Nueva Orleans, pretendiendo estar en el trópico.

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El asunto es que el resultado de esa infidelidad que supongo, produjo el único aunque dudoso documento que con el que puedo entrar a mi antiguo Teatro Baralt, y nadie hay ya que pueda  decirme cómo era aquel escenario; de los actores que hicieron vida allí apenas sobreviven algunos nombres; y de este modo, por cosas como ésta, nos damos cuenta de que buena parte de nuestra historia teatral ha sido arrasada por la desmemoria, por el desafecto.

De modo que escribir, recordar y dejar testimonios son, en nuestra actual práctica teatral, tareas imperativas. El joven poeta Luis Perozo Cervantes nos alienta a ello y nos ofrece espacio y papel (sí, papel…) para amparar a esa transfigurada humanidad paralela que vaga más allá del portal que es toda embocadura.

Recordar…

Recordar a Chucho Pulido y rendirle homenaje con una selección de la más reciente producción dramática de Maracaibo no es sólo justicia y deber: es una gozosa circunstancia que augura buenos cambios por venir. No sé si me creerán —aunque seguramente sí— pero Chucho fue un compañero mío de teatro que se marchó sin mácula, sin una sola discusión ni un desacuerdo en  años compartiendo trascendencias en el intenso mundo que se abre al pasar el proscenio: ese lugar en el que solemos perder cosas más valiosas que un rollo de tirro, y donde nos jugamos vainas más caras que un prestigio.

Recordar: recordar a Homero, a Orlando, a Luis Romero, a Aurita Morán, a Víctor Carreño, padre…  Nombrarlos, nombrarlos con frecuencia, nombrarlos a nuestros alumnos. Ayúdenme a recordar, a no olvidar, porque —como he dicho en una anterior ocasión— en el teatro el olvido es la verdadera muerte.

Recordar: recordar a Víctor Rodríguez, tarea que no debe consistir sólo en revivir sus ocurrencias; no es sólo celebrar su afectuoso recuerdo, y aquella bondad suya que él disimulaba tan mal… Recordar a Víctor Rodríguez debe ser exhortar a ciertos amigos a asesorar a los deudos del inolvidable dramaturgo  en la organización y administración de su legado.

Y publicar su obra extraordinaria. Aquí está Luis, está el Movimiento Poético, estamos nosotros y está la Colección de Dramaturgia Chucho Pulido: una colección sencilla, con una gran tarea y con un nombre inmenso.

Los cuatro libros que hasta ahora se han publicado son:

Enrique Romero en el Baralt

Dos Piezas de Teatro Breve, de Enrique Romero

El primer título de esta colección nos ofrece dos obras. En Dos personajes han decidido saludarte, aparte del claro guiño pirandelliano del título, la dramaturgia se ha producido por la trasmutación del recuerdo, y es su destello una cálida recreación del taller de cerámica Piedra de Ojo en confluencia con el mundo interior de dos personajes escapados de una antología,  pertenecientes  a sendas obras de Elisa Lerner y Elizabeth Schön, cercanos afectos del autor.

A esta obra le sigue el conmovedor monólogo  Esa clemencia que pido en la penumbra, doloroso grito de un personaje perturbado por la desaparición de espacios y enclaves de una ciudad que, por infame decreto, se destruye, se desvanece.

En los talleres de pintura flamenca, los maestros instruían a sus alumnos para tener y desarrollar ‘La mirada fértil, la mano sincera’. Tal podría decirse de este libro. En sus textos impecables, en cada uno de sus parlamentos —como en toda la prosa del entrañable, bondadoso Enrique— veo lograda esa recomendación, advierto el merecimiento de ese elogio.

Ramon Gonzalez

Retratos Desamparados, de Ramón González Uzcátegui.

Joven e incansable actor, dramaturgo y productor: tal es el autor de Retratos Desamparados. Es ésta una pieza con diálogos bien logrados, que podría engañar a un lector/espectador desprevenido con su aparente sencillez. Lejos, muy lejos de la simplicidad, desde su deliberada economía de recursos y efectos, la pieza narra la Batalla de la Victoria desde el desamparo de los padres de un soldado muerto en maniobra militar: la obra es, pues, crónica o rememoración de una dolorosa ofrenda a la patria.

Nailyn Ramirez

Rossi, de Nailín Ramírez

Rossi es el título de la ópera prima de Nailín Ramírez: una pieza excepcional, con inusitada madurez dramatúrgica en una obra de inicio. ¿Dónde están las piezas previas en las que Nailín tendría que haberse equivocado y metido la pata, o sus primeros ejercicios teatrales, con la primera aproximación a los caracteres del torvo mundo de Rossi? ¿Cuáles son los antecedentes de esa audacia sorprendente?

Ante este desconcierto (que celebro), citaré unas frases sobre Rossi  escritas por la querida y lúcida profesora María Isabel Bustos:

“Impoluta. Es un trabajo sin fisuras, un bocado que se traga sin degustar, de un solo tirón, mientras sientes el mordisco de un perro en la boca del estómago. El espectador nunca se verá tentado a distraerse. Te absorbe como un agujero de gusano. La clave se encuentra en que todos nos encontramos en las escenas. La moralidad religiosa que nos atormenta, el deseo infantil que conmueve y espanta, la identidad personal y la lúdica sexual de los primeros años. Rossi es una obra que te deja parado en borde del acantilado. Si se pasa unos milímetros se vuelve grotesca. Si se queda unos minutos bajo el agua, te ahoga. Como todo lo que experimentamos en nuestra extraña y fascinante sociedad contemporánea…”

Denny Fernandez

María y el libro de Dennys Fernández

Que un libro tenga la palabra ‘libro’ en su título es algo que me encanta: me parece que ver allí un juego de espejos, una dinámica y divertida repetición especular. Que ese libro que se llama libro contenga una obra de teatro para niños es exponencialmente maravilloso, como maravilloso es el viaje de esos cálidos y dulces personajes al País de los Cuentos. El buen amigo, el delicado compañero de tablas Dennys Fernández, comparte con su acostumbrada generosidad este cuaderno de viaje, esta bitácora para emprender, con niños actores, un didáctico periplo por el mundo de la imaginación.

Javier Rondón
Sala Sergio Antillano, Teatro Baralt.
28 de junio 2015.

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Un pensamiento en ““La transmutación de la memoria”. Palabras de Javier Rondón para el Día Nacional del Teatro.

  1. Luis Perozo Cervantes, Mi sentido pésame, Luis, junto a los tuyos. No me queda sino consolarte con un lugar común, de W. Shakespeare, en Cymbelino: La muerte es el premio de la vida. Soy tu amigo, agradecido por tu labor para la vida en sensatez. Hernán Rubin

    Date: Tue, 30 Jun 2015 00:27:39 +0000 To: rubinhernan@hotmail.com

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