“Cervantes, Neruda y la persistencia de la memoria”. Sobre “Vos por siempre” de Luis Perozo Cervantes, por Ricardo Montiel.

“Cervantes, Neruda y la persistencia de la memoria”. Sobre “Vos por siempre” de Luis Perozo Cervantes, por Ricardo Montiel.

Vos por siempre - Luis Perozo Cervantes

I

Veinte poemas conforman Vos por siempre, octavo poemario de Luis Perozo Cervantes. Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) es el título de un célebre libro de Pablo Neruda. Noventa y un años separan la primera edición del primero de la primera edición del segundo. Siete mil doscientos sesenta y ocho kilómetros hay entre Santiago de Chile y Maracaibo.  Pero hay algo que disuelve anacronismos y distancias: ambos libros se ocupan de la imagen poética del sujeto amado y perdido. En uno y en otro encontramos la tristeza simbolizada en el mar, el lago, la costa, el viento, el bosque, las hojas, las nubes, las flores, el cielo, la luna, la lluvia, la fruta; a través de los poros de la naturaleza respira la memoria; el sujeto ausente está ahí, latiendo en el rumor de los jardines que una boca de aire sembrará en la concavidad del dolor.

II

Pero hay algo que también los diferencia. En los veinte de Neruda, hallamos una voz que a pesar de ser nostálgica celebra la experiencia amorosa, reconstruyendo en el poema el detalle significativo del pasado: “Te recuerdo como eras en el último otoño. / Eras la boina gris y el corazón en calma.”. En los veinte de Perozo Cervantes, no hay lugar para la nostalgia porque la experiencia apenas se fragua. Cada poema es una escena de combate bajo los efectos de la urgencia. La pérdida del sujeto amado ha ocurrido ya. La consecuencia es el estado acalorado de emoción pura. El sentimiento es una voz al rojo vivo que le habla en directo a la ausencia: “No te paráis un momento en una nube / no me dejáis verte caer en mi cama / cuando menos lo espero, llegáis / hecho de todos los hartazgos / vuelto triza de Dios”.

III

En Vos por siempre, Luis Perozo Cervantes hace énfasis en las artimañas de un corazón que aún no comprende el arrebato: “Vos, corazón del coño / dejá de jugar conmigo al rompecabezas” y que, para continuar, para tener alejado al olvido, deberá alojar la perdida para que el sujeto amado vuelva a latir a través de él, a través del poeta: “Dulcemente cerca, vos me sois / pero de tan adentro, lo que provoca / es meterte / en un para siempre de mi pecho”. Entonces el corazón, este corazón de Vos por siempre, viene a ser la persistencia de la memoria, el lugar donde conviven los que están y los que no, los que se han ido y los que permanecen: “No sé si soy un muerto / o soy dos vivos / pero vos me hacéis sentir / corazón en mí”. Porque es cierto que quedamos un poco muertos cuando nos dejan. Algo nos resta sustancia. Algo de golpe hace trampa y nos descoloca. Acabamos, para decirlo con palabras del poeta, “en el no quiero saber por qué”.

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