“PRELUDIO” por Carlos Ildemar Pérez

PRELUDIO

Carlos Ildemar Pérez

Sabiduría post vista del recodo evocado y por venir,  misterio en secreto subjetivo en cierne, vivencialidad epifánica del escombro humanizado, muertanza espiritual en la aridez memorial, evocación iconoclasta del vacío creyente, procreación del nadie y nada vivencial, deseabilidad efervescente, tesitura exaltada del ser siendo ser, esplendor en el eco de los restos que nombra por desapariciones, reverencia de lo existiendo por reverberaciones, vivencia de solo estar apalabrada, extrañeza que anuncia el inventario del mundo siendo ontología cotidiana, palpitación a capella, dureza contra la grandilocuencia, poemacidad del arraigo en cuanto territorialismo carnal, círculo concéntrico en empuje de grado vallejeanamente humano, cuestiones de la nostalgia, la migaja de la dicción dudosa, no hace más que nombar la insistencia intempestiva del adentro, la memoria se agrieta en la palabra que a su vez perfecciona la herida de la realidad, dramatis personae, dramatis de lo real, dramatis del poema, vuelto tres actos de lluvia, canícula y erosión, también pensado como vida, pasión y muerte, sinfónica activación triádica del deslumbre, barroca sintaxis del trastabillar que agudiza y sorprende la costumbre del sentido, rítmico hermestismo que arrecia y desahoga, la influencia nacionaliza lo mejor de estos poemas en la revelación de nombres tan prestigiosos como: Juan Sánchez Peláez, Luis Alberto Crespo, Ramón Palomares, Rafael José Álvarez… ) no hay poema donde no seamos otros) siempre consagrándose al aprendizaje del poema ¿y qué auténtico poeta no lo es? La exigencia poemática ahonda en la penuria y su lucha de ser se descubre en la memoria que ronda lo efímero de su fisicidad invisible descubierta a fuerza de nostalgia, en la interiorización del en torno el poeta libera su enternecimiento paradójico impostergable, el poema reta a que lo entendamos solo en la reacción de lo intangible radical  por estar poetizado superlativamente como en la tensión de estos versos que más que tales, por el logro alcanzado, parecen poemas en sí mismos más que versos :  La ceniza nos amañe de razón. Estas paredes tienen algo de pájaro. Su boca teje lo roto en el costado. Amanece sobre este simulacro de voces que soy. Un incendio de voces estalla en la mirada. Un pájaro se nos rama. Con el gallo en la punta de un amén. Su arrebato de luz que carcome la entraña. ¿…Y qué hacer con esto tan nuestro que nos ajena?a la salud de cuanto mosca. Mi cara de joroba. A veces me alejo ser. Nos renacemos en lo perfecto inexacto de las cosas. La siempre nuestra aridez que enturpiala.

He aquí que los poemas de Luis Barraza, fácilmente ubicables en la tendencia de nuestro  provincianismo cósmico por la tesitura estilística experimental y el carácter raigal óntico, existen como la corporeidad sui géneris en tanto vértigo concentrado en la invención de la escritura para que aparezca la materialidad sonora más poética del poema. Al margen de la necesidad referencial de mostrarse en su humanidad entrañable de identidad y memoria, el pensamiento poético de Luis Barraza  enriquece y aviva su hecho poético porque se arriesga en los adentros genésicos del lenguaje.  Ningún poeta destruye el lenguaje, eso es nada más que calumnia, el poeta sabe que las palabras anhelan convertirse en poemas y que lo efímero del lenguaje se eterniza en el poema.  De allí que lo que se reafirma en los poemas de Luis Barraza es que la poesía desnuda el lenguaje para dejarlo en su posibilidad más ilimitada. El poeta opta por la invención  de su palabra SOLICARDIA para decirnos que  así es su poesía, y por eso exige ser leída como una palpitación despalabrada, como en su momento lo hiciera César Vallejo con Trilce.  En SOLICARDIA está la evidencia de que escribir un poema implica un acto inteligente de profundizar en el lenguaje. Es conmovedor  al leer cómo el poeta intenta dar con el alma de las palabras y empieza poéticamente  a adentrarse en el hallazgo expresivo  que acompañe a su SOLICARDIA,  y se da al goce del lenguaje aportando estos neotérminos: remendancia, lejumbre, solerrancia, laberición, quejuncia, vientura, corpolituras, aturpiala, dolerencia.

Recogimiento implosivo SOLICARDIA,  zigzag de un manojo escalonado ensimismado en su búsqueda de la precariedad y el vislumbre, hacedores del vaivén de la existencialidad. En SOLICARDIA  la poesía es la contra costumbre de lo íntimo, un ir contracorriente en el respiradero intrascendente , arriesgado acendramiento de lo vital, en definitiva,  otra expectativa más para el reto del  todo poetizante.

Maracaibo, febrero 2016.

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