Yolanda Pantín – 5to Festival de Poesía de Maracaibo

Yolanda Pantín 
(Caracas, 1954)

Yolanda Pantin / Foto: Vasco Szinetar

Yolanda Pantin / Foto: Vasco Szinetar

Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Estuvo vinculada al grupo de poetas mujeres reunidas bajo la denominación de «Generación del 78», sus inicios literarios la señalan como destacado componente del grupo poético «Tráfico». Fue miembro del consejo rector del Fondo Editorial Pequeña Venecia y de la Editorial Luna Nueva de la Universidad Metropolitana de Caracas. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués. Se hizo acreedora el año 2004 de la prestigiosa Beca Guggenheim. Es además coautora, junto a Ana Teresa Torres, de El hilo de la voz (Fundación Polar-Angria, Caracas, 2003), antología crítica de literatura venezolana del siglo XX escrita por mujeres. En 2004 su obra fue recopilada en Poesía reunida 1981-2002 (2004). En 2015 recibió el Premio Poetas del Mundo Latino “Víctor Sandoval” otorgado pro el seminario de Cultura Mexicana.

Obra poética:

  • Casa o lobo (1981)
  • Correo del corazón (1985)
  • La canción fría (1989)
  • Poemas del escritor (1989)
  • El cielo de París (1989)
  • Los bajos sentimientos (1993)
  • La quietud (1998)
  • La épica del padre (2002)
  • Poemas huérfanos (2002)
  • El hueso pélvico (2002).
  • País (2007)

Selección poética


Cuesta abajo
Algunas mujeres a las diez de la mañana
casi tan limpias como rosa/rocío
como una gota desinfectante
abren al unísono las hojas de las puertas
(un apartamento deslumbra por la teca)
miran al cielo olfateando al aire
a los muchachos propensos al catarro
a la tos asmática
Saludan Sol
Palmeras Aves Violáceas
sonríen mientras bajan la cuesta
hasta el kiosko de revistas
Ellas claman por un cartón clandestino de huevos
y un periódico llevan
a la sombra de sus brazos
cochecitos
a duras penas sostienen
una voz tan dulce que se llora
Arriban sigilosamente
Goznes Puertas Aldabas
de la sala-comedor
donde orden reluce y espejea
un mantelito plástico
souvenirs de un vuelo
rasante por Mayami
donde un punto de hombre
dice adiós con su pañuelo
Claridad
Altas Casas Palomas
una gallarda altiva
su nevera
que algunas mujeres se rasuran las piernas
beben café humanamente hablando
divagan
al abrazo furioso de las telenovelas
como un ósculo prohibido
cuesta abajo en la rodada

(De Correo del corazón. 1985)


Ángel caído II 

La mujer del cabello lacio
recogido
en la nuca
sombreada
levemente de azul
como los ojos
ocupa
en una composición simétrica
el centro de la fotografía
Detrás de ella
a su izquierda
un Ángel
desprendido del hombro
mira al cielo
con las alas plegadas
No hay mácula
en su condición aérea
en su espíritu puro
aunque
de la concha rosada de su oreja
surja, como el fuego, la duda

(De Correo del corazón. 1985)


Las ciudades invisibles

Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos.
Ítalo Calvino

Escribir sobre el amor
los ojos calmos de Verona
–poesía eres tú–
Imaginar una ciudad invisible
como ella
reflexionar sobre la muerte
y la fotografía
Ser fiel y atento
a todo lo que en ella
se niega
suspicazmente
tácita y oblicua
recordar
–sobre todo–
que aquello que se ama
no existe

(de La canción fría. 1989)


Dunarea 

a Igor

Como el río Danubio
que nace en las faldas
orientales de la Selva Negra
y es conocido en Alemania
bajo el nombre
Donau
en forma de dos pequeños torrentes
el Breg y el Brigach
el río joven
atraviesa las montañas suevas
y tiene a sus orillas
altas cimas coronadas de bosques
El Danubio se desvía
hacia Europa Occidental
a través de Austria
siglo XIX y sedentaria
dama de pliegues simétricos que
en Checoslovaquia
recibe el nombre de Dunaj
flauta dulce de la jota
Bratislava
y el curso medio del río
comienza cuando éste
se introduce en Hungría
Duna
como una mansa yegua blanca
que responde en Eslovaquia
por el nombre de Dunaj
Así
el Danubio fluye
entre Rumania y Bulgaria
frontera natural de dos países
en Ucrania
Dunay
en Rumania
Dunarea
El Delta del Danubio
célebre por sus esturiones
lucios esturiones blancos y arenques
oblondas franjas de tierra fértil llamadas
grinduri
donde pasta el ganado
Las garzas del delta del Danubio
construyen sus nidos
sobre las ramas de los sauces
Allí
el río se expande en forma de abanico
como un cuerpo
que baña el puerto de Tulcea
igual a un hombre que ha vivido
en distintas ciudades
y ha recorrido 2.800 kilómetros
de sinuosos caminos y tortuosos brazos
el lecho manso del río
cuyas corrientes internas
arrastran
nenúfares aves acuáticas
sedimentos de tal naturaleza
el Danubio deposita en la playa
–extensa y gris–
socava de la costa Dunarea
lame
la cavidad profunda del Mar Negro

(de La canción fría. 1989)


El escritor está sobre la piedra

El escritor está sobre la piedra
¿Es un problema de lenguaje?
¿Un problema de percepción poética?
Pende sobre él una lámpara cualquiera
La luz que despide redondea las formas
les da un no sé qué
de fantasmática presencia

El escritor coloca los codos sobre la mesa
cierra los ojos
piensa tal vez
en la edad de oro su infancia
recrea la figura nimbada de su madre

Escucha
por enésima vez
el llanto fastidioso de un niño

Ignora los misterios de la bóveda celeste
tan fría tan azul
Está ocupado en sí mismo
ha cerrado los ojos y contempla
un pálido destello en su interior
él mismo es un cosmos inconmensurable

El blanco del papel lo enceguece
no sabe qué decir
porque tampoco sabe qué cosa ver:
si el cielo de afuera o el cielo de adentro

Se ha parado de la silla
va a la cocina
toma un vaso con agua
–tiene sed–
recorre la casa en silencio
y reconoce en ella
ciertos fragmentos dolorosos
de su vida
el primer amor el otro amor
el sucesivo

Es hora de ir a la cama
piensa
se arrebuja en ella
–tiene frío–
toma un libro que no lee
escucha
por centésima vez
el llanto insistente del niño

La noche se hace eterna
–tiene sueño pero no puede dormir–

(De Poemas del Escritor. 1989)



Divagación XIV

Esa mujer me pertenece
porque yo conozco su mayor secreto
es mía en todo sentido
y está en mí de dos maneras
aunque ella lo niegue
y confíe en su fuerza
inútilmente
la poseo
aunque no sospeche
que estoy entrando en ella
incandescencia
donde el cuello tiembla
diminuta serpiente
porque no me reconozco
dócil como estoy
atento a ella
a esa mujer que es mía
en la misma medida
que fuerza y gira
su cabeza balcánica
medusa
para que yo
de alguna forma
muera

(De Poemas del Escritor. 1989)


Daguerrotipo de una desconocida

Miro el retrato donde no me reconozco
Soy yo es cierto pero
¿cómo respiro
cómo tengo labios cabellos
y aún suspiro?
¿Cuándo ha sido esta mujer huraña
que mira cual extraña
a mí que no la entiendo ni conozco
y nunca ha sido
Yolanda en la fotografía?

Soy yo no hay duda
son mis ojos mi cabello
mi mano apoyando mi cabeza
cansada extrema dura
la muñeca
donde un reloj da una hora
quién sabe qué hora

Soy yo es cierto pero ¿dónde
en qué lugar del mundo de mi casa
del país que aborrezco o el soñado
estuve un tiempo así hasta ese punto
tan oscura?

Nunca la belleza fue negada pero
¿esa tesitura?
¡Son mis labios!
Jamás tuve esa boca ni esa comisura
¿fue besada?

(De Los bajos sentimientos. 1993)


Sonata 

Debo enterrarte de mí
ser bruta con todo
lo aquello que tuvimos
tu cuerpo tocado
como un loco

Voy a tocar tus cabellos
de boca enterrada
todo aquello que perdimos
amor mío
el aire los perfiles

Voy a enterrarte de mí
con todos mis recuerdos
la vez lejana con mi madre en los rieles

Voy a cavar muy hondo en mi cadáver

Hender la pala en el fruto del cráneo
donde duermes
como una niña inválida

(De La quietud. 1998)


Nomme de guerre

Así no quede rastro de lo que fue en el tiempo:
ni tú ni ella a los ojos de nadie.

Mi bisabuela, siendo artista,
nunca firmó sus obras,
tenía un nombre de guerra
con el que toleraba sus pasiones.

La pintura fue una de ellas,
la otra, educar a sus hijas.

Fue implacable, según dicen,
reprimió los excesos,
y ahogó las risitas de las niñas
en los pasillos.

Con respecto a la pintura,
tengo en mi cuarto un óleo
que representa una potrada,
a cuyo pie se lee, a la izquierda,
en letra clara, el nombre del artista.

Veleidades románticas, devaneos,
forzar la identidad al punto
de esconderse en el deseo:
un hombre, pareciera, un extranjero.

Pero este cuadrito no resistirá demasiado el tiempo.

Todo en él se ha ido diluyendo, los caballos,
el paisaje que enmarca la escena
que bien puede ser un fragmento
de la campiña inglesa.

Los colores han perdido el brillo
que alguna vez tuvieron,
y al cuadro lo cubre un velo
igual al que opaca
la mirada de mis padres.

Decrepitud se llama, y olvido
que premia la falta de talento.

(De Épica del padre. 2002)


Herencia 

I

Pertenezco
a este pedazo de la tierra.
Reconozco como míos
el aire
que fue de mi infancia,
los relatos de mis padres
jóvenes y eternos,
cuanto su vista levantó
de estos valles
donde abreva el deseo.

II

Yo soy aquella en la fotografía,
de pie,
entre el miedo y el deslumbramiento.
Le he sido fiel a su memoria
a cuanto sus ojos recuerdan
de aquel cielo,
al lomo
de los caballos relucientes.
Pero vuelve el recuerdo
de aquella ocasión en que quise sustraerme,
y no hallé lugar que me resguardara
de mis despóticos fantasmas coloniales.
Así me hundo en esa putrefacción cálida,
mientras manos que son de nadie me arrancan del cuerpo.

(De País. 2007)

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