Víctor Vielma Molina – 5to Festival de Poesía de Maracaibo

Víctor Manuel Vielma Molina
(Mérida, Venezuela. 1952).

Foto: Diego Cortez

Foto: Diego Cortez

Poeta, ensayista y analista político. Crece y se educa en el estado Táchira. Practicó durante su juventud la disciplina atlética del maratón, por el cual aún es recordado en la comunidad de su infancia. En 1974 viaja a Maracaibo a proseguir estudios superiores y pasa a ser miembro del equipo de atletismo de la Universidad del Zulia de donde egresa, en 1980, como Licenciado en letras Hispanoamericanas. Ha sido educador en varias instituciones del Estado Zulia: Universidad Sur del Lago “Jesús María Semprúm”, E.B. “Catatumbo”, Colegio Arquidiocesano Nuestra Señora de Belén, U. E. “Francisco Esparza” y U.E. “Udón Pérez”. Su obra literaria se encuentra dispersa en varios periódicos del occidente del país. Sus primeros poemas los publica en el Diario El Centinela, Diario Vanguardia, Diario Católico, Diario La Nación, Magín y participa como columnista del Diario El Pueblo de San Cristóbal. Así también, de El Arrendajo, Diario La Verdad, Compacto Informativo del Estado Zulia, Correo del Caroní del estado Bolívar y varios periódicos digitales como La Patilla y Biendateao. Perteneció, como atleta, al Equipo “A” de la Asociación de Atletismo del Estado Táchira, donde se corona como Campeón por Equipos de la Maratón de San Sebastián y 6to., en la clasificación individual, Edición 1973. Es medalla de plata de la media maratón de los Juegos JUVINES celebrados en Maracaibo (1974). Fue integrante del Grupo Literario Zaranda de San Cristóbal y Senador de la República (S) por el Estado Zulia (1998). Es miembro de la Sociedad Bolivariana del Estado Zulia. Estuvo a cargo del Taller de Literatura ¨César David Rincón¨ dependiente de la Secretaria de Cultura de la Gobernación del Estado Zulia. No hay necesidad de mí en los infiernos recoge cuarenta años de producción literaria inédita. Su segundo poemario Piélago, también ha sido editado por Ediciones del Movimiento, en su Colección Légamos.

 Obra poética:
  • No hay necesidad de mí en los infiernos (2014)
  • Piélago (2015)


Selección Poética


La ciudad era la Eva que esperaba a las puertas del tiempo

 

La entrada triunfal del enemigo sometió a la tradición.

La ciudad se abrió a otro espíritu

como si se recuperara del abandono de Adán.

Las ratas subieron al presídium,

sus habitantes renunciaron a interpretar la flauta bífida de Hamelín.

Dejaron que la maldición de Caín entrara.

La ciudad era la Eva que esperaba a las puertas del tiempo.

Borraba la culpa de la leyenda que la subestimaba.

Pero el perdón tiene el alma victoriosa

de las caras rotas del espejo.


Sentirás el desalme de tus carnes quebrarse a gritos

 

Tú exaltabas al recuerdo increpado en pergaminos.

Celebrabas la evocación de la felicidad en lo aciago.

La miserable delación en ti no tenía silencio.

Labrabas justicia para simular la escasez de probidad.

Disipabas a quien naufragó en la espesura de tu sombra.

Sé que ante estrellas que ahogaban tus sueños, buscabas poder.

Como si el ritual de la mirada púrpura, viniera a salvarte,

increpabas a quienes morían de amor.

Donde creía cribar porvenires almacenabas odio.

Como si los intersticios del hambre se anularan por decreto

urdías a tu retórica cargada de falsa esperanza.

Te derramabas en la incertidumbre de la aridez

como si devoraras a la ambición del vejamen.

Tu oración rompía al maravilloso traje del criterio.

Ultrajabas a la piel del viento con la más íntima profanación.

Sé que arrojabas almas al averno solícito de la Beatriz del Dante.

Abrías brechas en la bruma que abortaban auroras.

Escuchabas a tu egolatría verterse en la historia.

Sentabas a tu apariencia detrás del poder para redimir a la traición

apostada en la incomodidad de la evidencia.

Eras el tiempo que administraba al taladro del despotismo.

En la mesa de quienes pastaban a espaldas de la pobreza

mordías a la nada en habituales visitas al ocaso.

En tu reloj el tiempo dormitaba tu ensueño de vulva.

Esperabas el dictamen de reyes que alimentaban cuervos.

Regentabas a la más entregada orgía del poder

como si detuvieras futuros mientras devorabas horizontes.

Ordenabas la muerte de tus semejantes

como si aniquilaras  a dioses infernales.

Sentías a la equivocación invocarte

al fementido ritual de efemérides.

Tus ojos de tanto ver la ideología perdieron mirada.

Malograste el lenguaje del agua que repartía el pan del universo.

Habrás de oír a la ingratitud del carbón frustrar a tu diamante.

Cuando la tarde se desnudaba para entregarse a la noche

quedaste en evidencia frente a la mirada del tiempo.

Habrás de escuchar al olor de tus enemigos celebrar tu derrota.

Sentirás el desalme de tus carnes quebrarse a gritos

sobre el cielo blanco de esta página.


Soberbia

 

En el recodo donde el tiempo pareciera dejar de ser.

En ese espacio donde el universo era mi madre.

En ese irrepetible pretérito:

quería nacer un jueves

bajo un signo más eficaz.

Quería nacer de buena suerte

dándome el goce de la existencia,

sin pedirle nada a Dios.

Pero antes

no hay espacio para la soberbia.

La única oportunidad

es nacer.


Otros dioses te esperaban

 

Sentiste a tu conciencia ajena.

Advertiste que otra verdad te negaba.

Descubriste de la vida a su continente inexplorado.

Que no eras lo que pregonabas.

Que en bruma híbrida dabas vueltas por lo desconocido.

Percibiste que estabas mirando al lugar equivocado.

Que poco importaba el polvo del camino

ni las huellas de tus semejantes.

Que tu manera de sentir calzaba egoísmos.

Que algunas ideas no te dejaban ser.

Que mirabas al distinto, negándolo.

Poco sabías de él.

Sentiste que una luz excepcional se te encendía.

Vislumbraste que era hora de liberarte de algunos dioses terrenales.

Decidiste abordar la vida en otra esquina.

Pero una vez que creías que estabas liberado

descubrías que entrabas a otro túnel,

a otras necesidades,

a otros amos,

que otros dioses te esperaban.


Quitarnos el disgusto de puro encanto

 

Amarnos pareciera ser un chiste de Sarah Silverman burlándose de su estirpe.

Tal vez somos

el sentimiento de la mesa que aprecia

cómo Charles Chaplin anima panes

ante la mirada de nuestros corazones hambrientos.

Por qué no ser como la ansiedad del alma de aquel niño

que esperaba a que Aquiles Nazoa

regresara a galope de su viaje eterno

montado sobre el caballo que comía flores

hasta quitarnos el disgusto de puro encanto.


Ya no te satisface la escarchada ventisca del colibrí

 

Nadie ha sabido de esa piel

que amabas con abrumadora espera.

Desde las más esculpidas de tus vicisitudes,

niegas la ambrosía de la mano que adorabas.

Ya no te satisface la escarchada ventisca del colibrí.


Espera

 

Pinté a la primavera junto al verano de tu espíritu.

Tracé el vuelo de pájaros sobre tu grisáceo lienzo

hasta trascender al relente de tu despedida.

Me senté a sentir el recuerdo.

El sol parecía no despertar del abandono que dejaste.

Yo solo esperaba a que pasaras de nuevo.

Y me llevaras a tu vorágine.


El abismal corazón de hojalata

I

Impugno a quienes admiran al cielo desgarrado por la despiadada huella.

Desafío a los perversos arcanos que profanan al misterio.

Desenfundo al verbo contra quienes incondicionales sirven a tiranos.

Descifro a sus esfinges,

a sus ambiciones ambiguas.

Transmito al infinito heraldos de la rosa blanca

para que el carruaje de paz conduzca al tiempo.

 

II

Abordo a los siglos que gestan polen

para reducir a la roca del fanático que rompe al cristal de la libertad.

Me confronto contra la cobardía que alimenta a la infamia.

Protesto contra las manos cómplices de los indiferentes,

de quienes no escuchan el lamento del agua

ni olisquean a la ponzoña que inocula tempestades.

 

III

Busco concebir la verdad de la verdad.

Quiero escuchar al estertor de la tarde que se rinde sobre la mar.

Anhelo que el tiempo sea amor y piel del alma.

Busco el pan de la felicidad para que sustente al fogón universal.

Quiero detener al dolor de los peces que anhelantes saltan a la muerte,

reclamar a los cómplices que respiran la polución de hipócritas

hasta extraerles el abismal corazón de hojalata.

 

IV

Protesto contra el azogue brindado a la vida como aderezo.

Increpo al que permite que la guinda del cóctel se torne silencio.

Imputo a los que se creen impecables.

Rechazo, de la ciudad, a su indiferencia.

Desconfío de quienes se nutren de la sombra de otros y nunca son.

Confronto a quienes se corrompen para vivir incondicionales ante los amos del delito.

Amonesto a la cobardía de quienes alimentan al malviviente.

Atiendo a la queja que se desangra ante los aturdidos muros.

Rechazo al hombre de poder que se mueve como sierpe,

que como capitán corrupto navega sobre la sangre de pueblos,

que se deja engañar por la burbuja de una copa de champán

y se pierde en los ilícitos colmos del sexo.

 

V

Sé que la esperanza no cae en derrota.

Sé que una palabra basta para despertar a la piedra de los sentimientos.

Yo hablo desde el desierto de la hoja de papel

aunque los Herodes de Antipas sigan entregando la cabeza de profetas.

Repruebo a quienes ofuscados por la danza de núbiles jóvenes,

se dejan llevar por el trasluz de velos.

Combato contra la gula de vicios

que decapitan a la salvación de los pueblos.

 

VI

Perturbo a quienes deciden no escuchar a los que claman.

Lastimo las ulceras del alma de quienes difaman.

Increpo a quienes les da por replegarse a la más terrible inacción.

No quiero que la voz de auxilio agonice herida por el mal.

 

VII

Hablo a quienes se hacen indiferentes y no combaten despotismos,

sé que todavía ululan junto a las aguas cargadas de civilización.

Arengo a quienes maldicen a la sociedad

e indolentes solo esperan a la rama de olivo.

Ay, de quien defraudado por la humanidad,

dedica versos a la dulce dama del aerosol íntimo.

Ay, de quien excitado por el poder

hiere a la creativa tristeza.

Morirá en desnuda intrascendencia.

 

VIII

Sé que te has sometido a la desidia,

como si fueses parte del apocalipsis.

Sé que impotente en la desmesura de la inercia

terminaste maldiciendo a la ciudad cuando la tragedia empezaba.

Pero has de escuchar que las trompetas del Nuevo Génesis

te llamarán a establecer luz porque aquí perteneces.

 

IX

Tú que estás aturdido por la ovación,

que te olvidas de la ponzoña hendida contra la existencia,

que te hundes en su veneno hasta perderte. Te pregunto:

¿Por qué  apruebas a la idiotez del juez venal?

¿Por  qué depuesto de ocasos,

transido por la experiencia,

traes a tus hermanos a pastar exilio ante el fusil?

¿Por qué semejante al basilisco lapidas levantiscas desde el silencio,

estallas  en la opacidad del tráfago

para ser leve comentario de la hoja que cae?

Tú que indolente dejas que el paisaje desaparezca

en la ventruda vertiente de lo que llamas progreso.

Tú que escapas hacia la informalidad del viernes;

hacia la apariencia de lo inevitable.

A ti que te importa poco ser una víctima más;

porque no te has visto en el féretro.

Solo a ti exijo,

que te inmortalices

en busca del espejo que te ha de exhumar de la muerte.


 

(Todo los poemas seleccionados pertenecen al libro Piélago. 2015)

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Un pensamiento en “Víctor Vielma Molina – 5to Festival de Poesía de Maracaibo

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