Trina Quiñones: viajante a la sencillez del poema profundo

Se concibe a sí misma como “una poeta en la búsqueda de la simplicidad como forma de conocimiento” y representa una de las voces más reveladoras de una generación de escritores victima de la diáspora editorial.  

Presentación del Libro de Trina en Maracaibo

El poeta Luis Perozo Cervantes y la poeta Trina Quiñones durante la presentación y bautizo (con ixoras rojas) de la antología “Diario de Viaje” en Maracaibo, durante el 4to Festival de Poesía de Maracaibo.

Conocimos a Trina Quiñones en la celebración del III Festival de Poesía de Maracaibo en 2014, su cuerpo delgado y ojos grandes, escondían para todo el público de nuestra ciudad a una de las voces más vivas e intensas de la poesía venezolana. Algo en su piel delata la textura del mundo que ha recorrido. Trina Quiñones después de poeta, es una gran viajera; anduvo durante más de veinticinco años al lado de misiones diplomáticas de Venezuela; especialmente en Brasil y Rusia, países que marcaron su poética.

Diario de Viaje, su antología personal, el más reciente título de Ediciones del Movimiento, es la consumación su vida como viajante externa e interna de los macro y los microcosmos, las estribaciones del amor, los cambios de clima a los que el alma debió someterse. También es el primero de sus libros publicado en Venezuela. Su poesía ha sido traducida a tres idiomas, pero como la mayor parte de los poetas de su generación, permanece en el anonimato de la amistad; aunque su labor poética se mantiene, inagotable, en la escritura y el estudio. Amiga y discípula del gran poeta Armando Rojas Guardia, ha compartido escenario con las voces más grandes de la poesía contemporánea y sus textos aparecen en las antologías más importantes publicadas en esta década.

Portadilla TRINA

El próximo domingo 22 de noviembre, desde las 2:30 p.m. Ediciones del Movimiento, brazo editorial de la Asociación Civil Movimiento Poético de Maracaibo, estará en la Librería Kalathos presentado por primera vez en Caracas la antología Diario de Viaje, incluida en la Colección Puerto de Escala de esta editorial, y que reúne por primera vez en el país la poesía de Trina Quiñones. Este evento contará con palabras de la poeta y psiquiatra Ana María Hurtado, y del poeta Edgar Vidaurre, presidente del Círculo de Escritores de Venezuela.

A continuación dejamos con ustedes el cuestionario de autor que le hemos realizado a la poeta Trina Quiñones para que los lectores conozcan más de su pensamiento poético.

  1. ¿Cómo te describirías literariamente hablando?

Soy una poeta en la búsqueda de la simplicidad como forma de conocimiento

  1. ¿Crees que tu escritura tiene alguna utilidad?

Mi deseo es ser poéticamente profícua.

  1.   ¿Qué razón te motiva a escribir?

            Razón de vida.

  1. ¿Qué sientes al ponerle punto final a una obra?

Síndrome de nido vacío.

  1. ¿Qué es lo más difícil de ser un escritor?

 Ser objetivo, tener fe en sí mismo.

  1. ¿Cómo descubriste que serías escritor?

De niña sentía un placer desconocido al escribir. Con mi primer libro (Mutación), contraje nupcias con la literatura.

  1. ¿Tienes alguna rutina a la hora de escribir?

No. Una energía se instala en mí y crece hasta que logro llevarlo al papel. Esto puede ocurrir manejando, en un banco, durmiendo…

  1. ¿Qué te inspira?

El deseo de crecer, un amor, un recuerdo, la naturaleza; mi entorno, seres y cosas que me tocan.

  1. ¿Cuáles son escritores o libros que más te han influenciado para escribir?

Zolá,  Boccaccio,  Gabriel García Márquez,  Rimbaud, Nietzsche, Herman Hesse.

  1. ¿Con cuál libro te iniciaste en el hábito lector?

Con un libro roto, sin portada, que encontré en las escaleras del edificio donde vivía cuando tenía 12 ó 13 años. Por su contenido, pensé que se titulaba “Los mutantes”. Me pareció la puerta a un mundo mágico en mi vida.

  1. ¿Cuál es tu libro favorito y por qué?

A cada etapa de mi vida corresponden diferentes libros favoritos: Prosas profanas, El Lobo Estepario,  Una temporada en el infierno, Cien años de soledad, El Maestro y Margarita, etc.

  1. ¿Cómo ves el panorama literario en Venezuela hoy día?

Hay una gran cantidad de autores publicando tanto poesía  como narrativa pero también falta densidad, madurez en algunos títulos. Otros, han entrado por la puerta grande.  En fin, somos un país que escribe y eso es bueno.

  1. ¿Qué libro le recomendarías leer a Dios?

Alguno que hable sobre la “necesaria igualdad” entre los seres humanos.

  1. ¿Qué libro le recomendarías al presidente de la república?

 El Manual de Carreño.

  1. ¿Quién es el escritor contemporáneo de Venezuela que recomendarías leer?

Victoria de Stefano o Rafael Cadenas.

  1. ¿Qué libro no has podido terminar de leer?

El Libro Tibetano de la vida y de la Muerte.

  1. ¿Tienes algún mensaje para los jóvenes que se inician en el camino de la escritura?

Que estén muy atentos a lo que ocurre a su alrededor y que nunca piensen que han llegado a parte alguna.

  1. ¿Antes de morir, qué logro en literatura quisieras tener?

El máximo conocimiento con la mayor simplicidad de la palabra.

  1. ¿Has tenido alguna experiencia erótica (excitación) con la lectura? ¿Qué libro?

Sí. Con el Decamerón de Boccaccio. Tenía 14 años cuando lo leí.

  1. ¿Qué opinión te merece el Movimiento Poético de Maracaibo?

El Movimiento Poético de Maracaibo merece el mayor de los reconocimientos por toda la tenacidad que pone en difundir el acto poético, aún en medio de dificultades de toda índole. Aplaudo esta fuerza, este soplo, especialmente en la persona de su Presidente el poeta Luis Perozo Cervantes.

Trina Foto Portada

Trina Quiñones
(El Tigre, Venezuela. 1950)

Abogada egresada de la Universidad Santa María. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y Artes Escénicas en la Universidad Nacional de Brasilia. Se desempeñó durante cuatro años como abogado coorporativo de diversas empresas. Ha sido correctora de traducciones del Ruso al Español y traductora de poesía brasilera. Durante varios años ha sido tallerista del reconocido poeta y ensayista Armando Rojas Guardía (miembro honorario del Movimiento Poético de Maracaibo). Ha colaborado con las revistas: Meya ponte (Brasil), Alforja (México), El jabalí (Argentina), Bestik Magnetogorak (Federación Rusa), Boletines de la Academia de Literatura Rusa (Federación Rusa). Sus poemas también han sido publicados en papeles literarios de México y Brasil. Colabora como traductora, poeta y narradora en diversas páginas webs. Su obra ha sido traducida al inglés, portugués y ruso. Ha recibido diversos premios en Brasil, Venezuela y México, entre ellos, la I Bienal Internacional de Brasilia. Es Miembro Correspondiente de la Academia de Literatura de Moscú, Miembro Honorario del Instituto de la Amistad Ruso-Venezolana, Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES) y Miembro activo del Círculo de Escritores de Venezuela. Ha publicado los siguientes libros: Mutación o de cómo la cautiva escapó del espejo (1991); Caminos de integración (1993, Libro colectivo); Fugitiva (1993); Ejercicios de amor (1999); Nómada de lo invisible (2000); Juegos de Invierno (Mi diario moscovita) (2000); Poemario (2008, Libro colectivo de la I Bienal Internacional de Brasilia); La Mujer Rota (2008, Libro colectivo); La voz de la ciudad (2012, Libro colectivo); 102 poetas, Jamming (2014, Libro colectivo); 100 mujeres contra la violencia de género (2015, Libro colectivo). Diario de Viaje es su primera antología.

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Ciudad blanca sobre fondo blanco de Ricardo Montiel – Lectura en Línea

Ciudad blanco sobre fondo blanco - Portada 02

Ricardo Montiel (Maracaibo, Venezuela. 1982)
Poeta y escritor. Reside en Buenos Aires, Argentina, donde ha realizado cursos y talleres literarios. Es licenciado en Arquitectura por la Universidad del Zulia. Trabajó en el libro Eugene Plumacher, Memorias: Consul de USA en Maracaibo entre 1878 – 1910 (Ciudad Solar Editories y Acervo Histórico del Estado Zulia, 2003). Colaboró para medios impresos y digitales de Costa Rica, Venezuela y Argentina. Ciudad blanca sobre fondo blanco es su primer libro. Mantiene activamente su blog:http://www.paisessinnombre.wordpress.com

Del conciso embeleso de Douglas Zabala. Lectura en Línea

mercado

Fosa Común de Miguel Marcotrigiano. Lectura en Línea

MIGUEL MARCOTRIGIANO
Caracas, 1963.
Poeta, crítico y profesor universitario. Egresado de la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, 1987). Ejerce la docencia desde el año 1984 en diversas instituciones de la Educación Media, Diversificada y Profesional. Coordina desde hace más de veinte años el Taller de Poesía de la UCAB. Ha sido antologado en publicaciones colectivas de su país, Francia, España y Argentina. Realizó estudios en la Maestría en Literatura Venezolana (Universidad Central de Venezuela, 1991-1992) y en el Doctorado en Letras (Universidad de Salamanca, España, 2005-2007), dirigiendo sus intereses investigativos hacia la palabra de los poetas suicidas. Actualmente es investigador del CIFH, en la UCAB. Su trabajo crítico se halla en diversas publicaciones periódicas académicas y en sus libros “Las voces de la Hidra. La poesía venezolana de los años ’90″, Mucuglifo/UCAB, 2002, “De orilla a orilla. Estudios sobre literatura española y venezolana”, UCAB, 2010 y ¨Poesía ysuicidio. Venezuela, siglo XX”, EAE, 2012.

Obra poética

Concierto vegetal a la luz de la luna (1991).
De Arcanos y otros signos (1994).
El mismo juego(1994).
Dípticos (1995).
Esta sombra que nos habita(2005).
Ocurre a diario. Poesía reunida, 1991-2005 (2006).
Orfandades (2011).
La soledad del náufrago (2012).
Fosa común (2015)

mercado

“No hay necesidad de mí en los infiernos”: cuarenta años de poesía inédita de Víctor M. Vielma M.

Portada amplia - No hay necesidad de mi en los infiernos

Víctor Manuel Vielma Molina, es un gran conocedor la poesía venezolana, que mantuvo sus poesía totalmente inédita desde 1974 hasta el año 2014. Licenciado en Letras de la Universidad del Zulia, donde estudió durante los años ’70. Entre la docencia y la política, lo distrajeron de la importante laborar editorial; pero no detuvo su oficio, que se concentró hasta la actualidad. Encabeza la Colección Puerto de Escala, y significa punto de comienzo del itinerario poético que propone la colección. Cuarenta años de poesía que necesariamente justifican el nacimiento de nuestra editorial.

Portadilla - No hay necesidad de mi en los infiernos

Su presentación fue en enero de 2014, pero en el marco de 4to Festival de Poesía de Maracaibo, vuelve a reeditarse en la nueva imagen de la Colección Puerto de Escala; con motivo del lanzamiento de su nuevo libro Piélago, en la Colección Légamos, de Ediciones del Movimiento. .

Victor Vielma

Víctor Manuel Vielma Molina (Mérida, Venezuela. 1952). Poeta, ensayista y analista político. Crece y se educa en el estado Táchira. Practicó durante su juventud la disciplina atlética del maratón, por el cual aún es recordado en la comunidad de su infancia. En 1974 viaja a Maracaibo a proseguir estudios superiores y pasa a ser miembro del equipo de atletismo de la Universidad del Zulia de donde egresa, en 1980, como Licenciado en letras Hispanoamericanas. Ha sido educador en varias instituciones del Estado Zulia: Universidad Sur del Lago “Jesús María Semprúm”, E.B. “Catatumbo”, Colegio Arquidiocesano Nuestra Señora de Belén, U. E. “Francisco Esparza” y U.E. “Udón Pérez”. Su obra literaria se encuentra dispersa en varios periódicos del occidente del país. Sus primeros poemas los publica en el Diario El Centinela, Diario Vanguardia, Diario Católico, Diario La Nación, Magín y participa como columnista del Diario El Pueblo de San Cristóbal. Así también, de El Arrendajo, Diario La Verdad, Compacto Informativo del Estado Zulia, Correo del Caroní del estado Bolívar y varios periódicos digitales como La Patilla y Biendateao. Perteneció, como atleta, al Equipo “A” de la Asociación de Atletismo del Estado Táchira, donde se corona como Campeón por Equipos de la Maratón de San Sebastián y 6to., en la clasificación individual, Edición 1973. Es medalla de plata de la media maratón de los Juegos JUVINES celebrados en Maracaibo (1974). Fue integrante del Grupo Literario Zaranda de San Cristóbal y Senador de la República (S) por el Estado Zulia (1998). Es miembro de la Sociedad Bolivariana del Estado Zulia. Estuvo a cargo del Taller de Literatura ¨César David Rincón¨ dependiente de la Secretaria de Cultura de la Gobernación del Estado Zulia. No hay necesidad de mí en los infiernos recoge cuarenta años de producción literaria inédita. Su segundo poemario Piélago, también ha sido editado por Ediciones del Movimiento, en su Colección Légamos.

“Quebrantos”: el nuevo poemario de Gabriela Rosas en Ediciones del Movimiento

Portada - Quebrantos - Gabriela Rosas

La Colección Légamos de Ediciones del Movimiento suma a una de las voces más importantes de la poesía venezolana contemporánea: Gabriela Rosas, con el poemario Quebrantos, que se alzó con el primer premio de la I Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Farias (Maracaibo, 2014)

“Los poemas y su lenguaje sencillo son ricos en imágenes, sobrio, preciso, abundante en sugerencias estéticas. Reflexivo, con un manejo sutil de lo erótico que lo embellece. Ya de por sí,  su título es un poema”. Veredicto de la I Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Farias.

La extraordinaria belleza de su poesía y la claridad con que comunica a sus lectores la función emocional del poema, la convierten en una de las escritoras más leídas del país. Sus poemarios La Mudanza (1999), Agosto interminable (2008) y Blandos (2013) han agotado su existencia en las librerías del país. Así mismo ha sido incluida en las más importantes antologías de poesía contemporánea de Venezuela.

“Dueña de una voz lírica femenina que despierta en los lectores emociones vivas ante el desamor. Digna de ser considerada  una nueva expresión del romanticismo”. Carlos Ildemar Pérez

Quebrantos, será presentado el sábado 12 de septiembre de 2015, en la Sala Gabriel Bracho, de la Estación del Tranvía de Maracaibo, en el marco del 4to Festival de Poesía de Maracaibo.

“La más bella poeta de Venezuela, la que tiene más alma, la que de verdad sabe decirnos en el poema lo que duele”. Adelfa Geovanny

Gabriel Rosas

Gabriela Rosas (Caracas – Venezuela). Poeta y narradora. Ha publicado los poemarios La Mudanza (1999), Agosto Interminable (2008) con la Editorial Eclepsidra y la plaquette Blandos (2013) con el Taller Editorial El Pez Soluble. Sus poemas han sido traducidos al italiano, al catalán, al portugués  y al griego. Ganadora del Primer Premio Nacional de Poesía para Jóvenes, Pérez Bonalde (1995) y ganadora del Primer Premio de la Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Farías (2014) mención poesía. Ha sido incluida en las antologías Las Voces de la Hidra (Miguel Marcotrigiano,  Mucuglifo, 2002), El Coro de las voces solitarias (Rafael Arráiz Lucca, Eclepsidra, 2003), en 102 poetas – Jamming, publicado por Oscar Todtmann Editores (2014), Cien mujeres contra la violencia de género. Venezuela, publicado por Fundavag Ediciones (2015). Algunos de sus cuentos han sido incluidos en la II Antología de Cuentos Postmodernistas (Negro Sobre Blanco, 2014). Participó en varias ediciones de la Semana Internacional de la Poesía de Venezuela  (Casa de la Poesía Pérez Bonalde) y de los Festivales de la lectura de Chacao y Baruta,  III Salón Pirelli de Jóvenes Artistas (Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, 1997), El País en el espejo de su literatura (Fundación Herrera Luque, 1997), Primer encuentro de poetas y narradores noveles (Ateneo de Valencia, 1998), la Feria Internacional del libro de Lima (2011), la II y III Edición del Festival de Poesía de Maracaibo (2013 y 2014). El 7º Encuentro de narradores  y ensayistas (Pie De Página, Aragua, 2013), Poesía reunida, Chacao (2015), Exposición poética en la Biblioteca de Thiene, Vicenza – Italia (2015), entre otros. Colabora con medios impresos y digitales  de Venezuela y otros países.

Es editora del Stand Up Poetry de www.inspirulina.com.

@magarosas

EL OFICIO DE SER OTRO. Sobre “Fosa común”, de Miguel Marcotrigiano. Por Adalber Salas Hernández

Fosa Comun Portada - Portada, contraportada y solapas

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Francisco de Quevedo.

Hay pocos espacios tan impredecibles como una biblioteca. Y ello se debe en buena medida al azar: la biblioteca, cualquier biblioteca, es un lugar que se desdobla en muchos otros. Cada nuevo visitante, cada transeúnte que cruza por ella, toma este o aquel volumen, lo escruta, lo devuelve a su sitio, hace que la estancia no sea ya la misma: las voces que la pueblan se han multiplicado.

Se trata de una progresión que no sigue un patrón fijo. Es imposible determinar cuándo entrará en la biblioteca un nuevo lector y qué hará, cuántos libros revisará, en qué medida. Pero algo siempre sucede: inevitablemente la lectura obliga al libro a ser distinto a sí mismo. La voz que encierra, desprendida del cuerpo que la produjo, espera pacientemente un interlocutor. Sin embargo, cuándo éste llega, ejecuta un clivaje: lo que antes era un tomo, un objeto simple, ahora son dos –el texto y la lectura que se ha hecho de él.

Para ello fue escrito el libro. Para traicionarse. Para desprenderse del sentido que tuvieron inicialmente sus palabras y perderse en la deriva semántica, en el vaivén de todas sus posibles lecturas. Por ello Miguel Marcotrigiano, cuando en el poemario Fosa común habla desde –o mejor, con– la figura de Montaigne, se refiere a su famosa biblioteca en estos términos:

He acondicionado la habitación
y ahora las voces atormentan en este recinto circular
La vida se reduce a unos estantes
a este pabellón
a cuatro resquicios
a los pocos ruidos que por ellos se cuelan

La biblioteca es la cifra del mundo que la ha producido. Sus cuatro resquicios condensan la vida que bulle tras sus paredes, como si la atraparan y decantaran. Y el elixir que ellas sintetizan son justamente esas voces que recorren los anaqueles y los estantes, enunciándose a sí mismas continuamente, sin poder detenerse.

El poema se llama Michel y, como los otros textos que conforman este volumen, se apropia de la figura de un escritor para decirse desde ella. Aunque, más exactamente, sucede lo contrario: el poema se deja apropiar por esta figura, que entonces se vale del texto para recobrar su voz, para reconquistar el habla. Así, Fosa común funciona como aquella biblioteca de Montaigne a la que alude, como un crisol de palabras ajenas, recinto circular atormentado por voces.

Este libro es un punto de encuentro entre múltiples, traslúcidas otredades. Otredades que se confunden y solapan –de allí su transparencia. Es como si la mirada atravesara estas voces y las hilara, de la misma manera en que la luz puede unir varios cristales corriendo a través de ellos. Al recorrer sus páginas, entablamos conversación con quienes ya no están, con quienes vivieron y escribieron en otra época, otra latitud y otra lengua. Recorremos una geografía imaginaria, que surge de este viaje transversal por tiempo y espacio. Dialogamos, en fin, con los muertos.

Se trata de una ciencia antiquísima. Esta forma de contacto con los que se han ido se ejecuta desde hace milenios –quizás desde el inicio mismo de la escritura como espacio de enunciación del sujeto. Pero, a diferencia de otras prácticas que puedan clamar para sí la potestad de hacer lo mismo, ésta presupone toda ausencia de magia. Es el diálogo desnudo, íntimo, sin parafernalia ni ritual. Es el encuentro entre dos voces, ocurriendo hoy en día tal y como lo describía Maquiavelo en una carta a Francesco Vettori hace cinco siglos, el 10 de diciembre de 1513: “Llegada la noche, regreso a casa y entro en mi escritorio; y en la puerta dejo mis ropas cotidianas, llenas de fango y lodo y me pongo otras reales y curiales; y revestido decentemente entro en las antiguas cortes de los antiguos hombres, donde recibido por ellos amorosamente, me sacio de aquel manjar que ‘solum’ es mío y para el que yo nací; donde no me avergüenza hablar con ellos y preguntarles la razón de sus acciones.” Ocurre, en esta conversación, el hallazgo de una fraternidad insólita, una afinidad que de modo subterráneo, corriendo bajo las naciones y los años, une dos escrituras.

Porque este diálogo sólo se consuma cuando, a su vez, se vuelve materia verbal. Su intimidad exige un resultado: la voz con la que platicamos pide carta de naturalidad para vivir en nosotros. Y es inevitable dársela, como saben todos los genuinos lectores. Así lo confiesa, desde Fosa común, el texto llamado Thomas:

Todas estas voces me atormentan
porque todas ellas forman sólo una
y no logro distinguir la mía
del tránsito de sus ideas

El diálogo no es siempre pacífico. Por momentos puede volverse una genuina invasión. Tanto Michel como Thomas mencionan ese vocablo, tormento, que resulta tan revelador para comprender la experiencia que sostiene a Fosa común –y para entender, en general, el acto de leer. Quien experimenta el tormento se encuentra relegado a una instancia pasiva; no posee respuesta para el dolor que le es infligido. Se halla maniatado, detenido, atravesado por el padecer, hasta el punto de confundir su propio ser con el sufrimiento que se va sedimentando en él.

Esta pasividad sucede también, a su modo, en la lectura. El sujeto lector se deja habitar por la voz que se encontraba momentos antes sumida en el letargo de la letra. Y desde ese instante se torna un espacio para que esa otredad se instale, maniobre, se despliegue. Puede llegar a vivirse como un asedio. Después de todo, la voz posee masa, volumen, ocupa un espacio con sus ondas. Golpea, atrae. La voz es un hecho físico. Un acontecimiento. Una proyección del cuerpo, un flujo más, como la sangre, la bilis, la saliva. Ese líquido se derrama durante la lectura, inundando al sujeto que lee, llenando cada pasaje y cada recoveco de su pensamiento, hasta confundirse con él. Por eso no es de sorprenderse que el poema llamado Kimitake declare:

En definitiva
                        mi vida ha sido escrita por otro

Y es que de alguna forma lo ha sido: en la medida en que sus lecturas han condicionado al sujeto, su existencia efectivamente ha sido escrita por alguien más. Un otro que tiene y no tiene rostro, que es el conglomerado de voces que a un tiempo sitian y conforman la subjetividad. Al cavar entre los textos de Fosa común, es imposible no descubrir una nueva, fascinante dimensión en aquella frase tan gastada de Rimbaud: je est un autre.

Estos poemas llevan como insignia, como santo y seña, un nombre propio. Solamente eso. Sin apellidos, sin fechas, sin rasgos adicionales. Por eso no se titulan, sino que se llaman. Acogen la voz que respondió a ese nombre alguna vez, y lo hacen con tal hondura, que sólo queda ese hablante extraño, íngrimo, reducido al hilo simple y afilado de su discurso. Valga decir: proporcionan el espacio para que esa voz ajena se manifieste en toda su soledad.

Una soledad que se parece, no por azar, a la que llevan los fantasmas. ¿Cuántas veces un libro antiguo nos ha hablado con una familiaridad anacrónica e inquietante? Ocurre un comercio con los muertos, como lo describía Maquiavelo y como lo describe, desde un lugar desconocido, el poema Edgar:

este cementerio
está lleno de espectros de otra naturaleza

fueron creados por mí

Me he referido al lugar desde el cual se enuncia este poema como incógnito porque, en última instancia, toda lectura ocurre en una región imposible de situar. Como la franja espacial designada a los espectros, esa frontera vacilante donde tienen que morar. Esta cualidad, que los torna imposibles de situar, así como su peculiar forma de estar separados de sus cuerpos, hace de los fantasmas la metáfora idónea para definir las voces ajenas con las que se bate Fosa común. Como escribe Giorgio Agamben en On the Uses and Disadvantages of Living among Spercters: “What is a specter made of? Of signs, or more precisely of signatures, that is to say, those signs, ciphers, or monograms that are etched onto things by time.”[1] Un fantasma no es una entidad sobrenatural; es una entidad semiótica. Existe no para embrujar o aterrar, sino para ser leído, para indicar con su presencia –presencia que es ausencia– un acontecimiento. En suma: un fantasma es un texto. Y al seguir los signos que lo invisten, podemos comprender lo que nos dice.

Exactamente como sucede con los poemas de Fosa común. En cada uno de ellos se perfila un espectro, una voz que ha sido objeto de un desmembramiento. De ahí el fueron creados por mí que declara Edgar: en efecto, estos fantasmas crean a quien los ha escrito, pero también lo necesitan para ser creados. Su vida póstuma es la existencia ambigua de la letra.

La palabra posee una dimensión espectral que en estos textos es llevada hasta sus últimas consecuencias. La dinámica presencia/ausencia que funda todo poema conoce aquí una formulación que la pone al descubierto, que expone los trazos insólitos de su mecánica. Como confiesa Wallace:

Para un moribundo
lo único real
es el fantasma de su palabra

Entonces la pregunta sería: ¿quién no es un moribundo? Todos estamos condenados a desaparecer. Todos nos aferramos a esa suerte de realidad evanescente que es la palabra escrita, el fantasma que nos condena y nos permite sobrevivir a la vez. Estos poemas lo dicen sin cesar, es su leitmotiv. El poema se intenta –y nunca se consuma– para fundar una zona donde cese la oposición entre presencia y ausencia. Para que la realidad sea el fantasma y para que el fantasma se corporice. Para que el registro de lo real y el registro de lo simbólico se toquen, se fundan por un instante.

Otra manera de ponerlo sería decir que el poema tiene su lugar entre los vivos y los muertos, como los versos de Wystan lo quieren:

Enterrado a la sombra de la pequeña y blanca iglesia
bajo la lápida escondida entre la hierba
una lámpara alumbra
este palimpsesto de la vida
el quejumbroso enigma del poema

El poema será invariablemente eso: palimpsesto, cuerpo heterogéneo, conjugación de elementos originalmente dispersos. Y así como el texto reúne estos miembros extraños, también el libro de Marcotrigiano sirve de juntura para voces extranjeras entre sí.

Leemos en silencio, pues, estos poemas. No podría ser de otro modo: leer en voz alta no es adecuado a la hora de dialogar con los muertos. Leemos y nos hallamos, junto con los versos que nos interpelan, en ese borde imposible de ubicar, ese sitio espectral, vaciado de sí mismo. Es paradójico que uno de los actos más privados de los que es capaz el ser humano no sea ubicable. No obstante, sobre esa paradoja se funda este libro. ¿Quién habla en él? ¿Las otras voces, los espectros o Marcotrigiano?

La respuesta es sencilla: en Fosa común hablan todos al unísono. En sus páginas, Marcotrigiano despliega una poética de despersonalización que, aunque podría parecerlo, poco tiene que ver con el enmascaramiento. Su intención no es formular el poema para ser fiel al otro –la máscara o su excusa–, sino hacer del texto poético un espacio de intercambio, un lugar de paso, donde la voz ajena y la propia se apoyen entre sí, se digan mutuamente.

En Tradition and the Individual Talent, T. S. Eliot advertía contra el prejuicio nocivo de acercarse a la obra de un poeta buscando únicamente lo novedoso: “if we approach a poet without his prejudice we shall often find that not only the best, but the most individual parts of his work may be those in which the dead poets his ancestors, assert their immortality most vigorously.”[2] Prejuicio es un vocablo que funciona aquí en dos direcciones: tanto en el sentido del lector, que lee partiendo de juicios previos a la lectura, como en el sentido del autor, que la mayoría de las veces cree distanciarse de sus predecesores con mayor contundencia de la real. Sin esta ceguera innecesaria, es posible hallar lo más importante en el trabajo realizado por un poeta: el diálogo que entabla con el universo simbólico al cual pertenece.

Fosa común tiene allí su fundamento. Revela con la mayor crudeza cómo se establece esa conversación, hasta el punto de permitir a los fantasmas del poema el acto de decirse. Devela la peculiar invasión de voces que subyace a todo proceso de lectura –voces que condicionan al sujeto hasta el punto de formarlo, de pronunciarlo. Pero en sus versos, además, se hila de modo discreto toda una teoría del poema. Estos hablantes espectrales la enuncian, cada uno a su manera; pero algunos, como René, lo hacen explícitamente:

La clave está en aceptar lo que no se comprende
en pronunciar cada vocablo
como por primera vez
y seguir a ciegas esta especie de hechizo
que nos envuelve y acorrala dentro del poema

Conseguir asimilar lo que no se ha entendido, apropiarnos de cada palabra que nos ha sido legada, dejarse llevar por el poema: no sólo un arte de la lectura, sino un arte de la herencia. René pareciera insistir en que no hay poema posible sin esta lectura que a la vez se rinde ante el hechizo y acepta lo que le es dado, pero sólo a condición de transformarlo en algo más. Como Eliot continúa diciendo en el mismo ensayo, la tradición “cannot be inherited, and if you want it you must obtain it with great labour.”[3] Esa misma tradición es la que Marcotrigiano se gana a pulso en este poemario que conforma, en más de un sentido, una declaración de principios.

Estos poemas apuntan a transparencia muy poco común. Un juego que pone al descubierto Yasunari con falso descuido:

la nitidez de la metáfora la hace translúcida
quebradiza
y en su noche
–he dicho–
me pierdo

En esa nitidez de la metáfora lograda no solamente se pierden estas voces: también se pierde una noción de autor a la que nos hemos habituado, sin recordar que no es la única posible. El punto de fuga de este libro es un sujeto que es al mismo tiempo muchos otros, capaz de erigirse en un hablante que no esconde los múltiples y disímiles discursos que lo conforman, sino que los exhibe con una nitidez que lo hace translúcido.

La escritura, pues, entendida como el oficio de ser otro. Metódica apertura de las compuertas del sujeto, que deja ver las corrientes foráneas que conforman su voz. Marcotrigiano lleva a su punto último una noción de autor similar a aquella que esboza Michel Foucault en ¿Qué es un autor?: “En la escritura no hay manifestación o exaltación del gesto de escribir; no se trata de sujeción de un sujeto en un lenguaje; se trata de la apertura de un espacio en el que el sujeto que escribe no deja de desaparecer.” Fosa común no fue escrito para exaltar el yo que habla en tantos textos; antes bien, está construido sobre un nosotros: nos muestra cómo el sujeto, cualquier sujeto, es una singular comunidad de voces, una superposición gozosa y conflictiva de lenguajes.

Así lo reconoce Walter, con unos versos que dan título al libro, la lápida anónima bajo la que yacen estos nombres:

Cómo distinguir unos huesos de otros
en esta fosa común
donde conviven todos los que
fui en vida
[…]
en Portbou
tan sólo hay un monumento
mi cuerpo descansa en mis traducciones
Soy el condenado
El multiplicado
La voz diversa
La fosa común

El sujeto que se enuncia, que nos hemos habituado a concebir como viajero entre discurso y discurso, se atreve en este libro a mostrar su revés: el texto como lugar de tránsito, de una desaparición que es reaparición, de una ausencia que es presencia. Y del poema, en fin, como hito en la continuidad de la herencia, como suceso que transforma y renueva el universo simbólico del cual surge, como ente único y múltiple que da nueva vida a las voces que lo preceden.

Adalber Salas Hernández. (Caracas, 1987). Licenciado en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello. Ganador del II Premio Nacional Universitario de Literatura con el poemario La arena, el vidrio: ascenso en tres movimientos (Caracas, Editorial Equinoccio, 2008), así como autor de los poemarios Extranjero (Caracas, bid&co. Editor, 2010); Bogotá, Común Presencia, 2012), Suturas (Caracas, bid&co. editor, 2011) y Heredar la tierra (Bogotá, Común Presencia, 2013). Asimismo, ha publicado el libro de ensayos Insomnios. Ensayos sobre poesía venezolana (Caracas, bid&co. editor, 2013). Ha sido incluido en las antologías La imagen, el verbo (UCAB, 2006) y Antología de poesía joven venezolana (bilingüe árabe-español, Universidad Internacional Libanesa, 2009). Textos suyos, tanto poesía como ensayo, han sido publicados en medios como el Papel Literario, Literales, la revista de la Fundación Fahrenheit 451 (Colombia), la revista digital El Cautivo y los portales Letralia, Prodavinci, Las Malas Juntas, Con-Fabulación (Colombia), Círculo de poesía (México) y Río Grande Review (Estados Unidos). Actualmente se desempeña como director de la colección Voces Iniciales, en bid&co. editor. Recientemente, en 2015, resultó ganador del prestigioso Premio Arcipreste de Hita, de Alcalá la Real, en España, con su poemario Salvoconducto, que será publicado por la editorial española Pretextos. Ediciones del Movimiento ha reeditado su primer poemario La arena, el vidrio.

 

[1] El título del ensayo se traduciría por Sobre los usos y desventajas de vivir entre espectros, y la frase dice: “¿De qué está hecho un espectro? De signos o, más precisamente, de signaturas, es decir, aquellos signos, cifras o monogramas que son inscritas en las cosas por el tiempo.”

[2] El título del ensayo es La tradición y el talento individual, y las palabras de Eliot dicen: “si nos acercamos al poeta sin su prejuicio, a menudo encontraremos que no sólo las mejores, sino las partes más singulares de su trabajo pueden ser aquellas en las cuales los poetas muertos, sus ancestros, afirman con mayor vigor su inmortalidad.

[3] “No puede ser heredada, y si la deseas, debes obtenerla al costo de grandes trabajos.”

Leandro Calle: “pasar” de la tradición poética del padre y la elegía.

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Ediciones del movimiento, se internacionalizó con la publicación del poemario “pasar” del escritor argentino Leandro Calle, quien visitó Maracaibo entre el 19 y 23 de julio de 2015 para presentar su libro.

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El poemario “pasar” es una elegía. Está dedicado a la muerte de su padre, quien el mismo poeta vio escabullirse de la vida en pocos días, a la merced del cáncer. Saldaba el poeta una deuda con el dolor. Dos ediciones anteriores tuvo este poemario; una de argentina y otra en Francia, con traducción al idioma galo. Durante su estancia en Maracaibo, Leandro Calle nos confesó que era la primera vez que presentaba este libro, ya que en sus anteriores ediciones no hubo oportunidad, ni motivación por hacerlo.

“Ya hay cien ejemplares del poemario pasar entre Argentina y Venezuela. Con ello contribuimos a hacer más pequeña la brecha de lectores en el sur de América. La poesía nos unirá definitivamente, es la premisa”, declaraba Luis Perozo Cervantes, presidente de la Asociación Civil Movimiento Poético de Maracaibo y editor del libro.

Durante los días que Leandro Calle estuvo en Maracaibo, impartió un exitoso taller de creación para noveles escritores maracaibeños. Del mismo modo fue declarado Visitante Distinguido de la ciudad de Maracaibo por la alcaldesa Eveling Trejo de Rosales. El libro está a su disposición en la librería Lugar Común en Caracas y a través de MercadoLibre para todo el país.

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Leandro Calle contentó nuestro cuestionario, para dar a conocer a nuestros lectores algunas de sus impresiones como creador.

  1. ¿Crees que tu escritura tiene alguna utilidad?

Toda escritura la tiene. En primer lugar la tuvo para mí, como liberación, como búsqueda. En algunos casos la puede haber tenido para otros. Yo con la poesía de otros y otras,  he llorado, he reído, he pensado. Vaya si no tiene utilidad la poesía. Ahora como dice un poeta inglés que escribe en español (Roger Wolfe) “si lo que quieres es una garantía…cómprate un televisor…”

  1. ¿Qué razón te motiva a escribir?

Muchas creo que son las razones. Pero una es la que me mueve más y es la sed de infinito, las ansias de completar algo que en mí no está completo. Creo que como seres humanos estamos “heridos de infinito”, así lo digo en un poema de mi libro Noche Extranjera. Personalmente escribo a través de esa herida, la capacidad infinita que tenemos los seres humanos en una biología contingente. Esto de morir y pensar en lo trascendente es lo que me hace escribir…entre otras cosas.

  1. ¿Qué sientes al ponerle punto final a una obra?

¿Hay un punto final? Creo que a veces estamos escribiendo siempre el mismo poema con distintas versiones. Pero si hablamos de un punto final para poemas concretos a veces es eso de sentir que ya está, que se ve claro, otras veces es cansancio, otras lógica pura, otras un amigo o amiga que nos dice que el poema está bien así. Muchas veces me arrepiento. No por lo que no escribí sino por lo que escribí de más, por lo que no quité. Escribir es también “desescribir”, es trabajar con el silencio.

  1. ¿Qué es lo más difícil de ser un escritor?

Creo que 2 cosas: vivir de la escritura y la otra, mantener una ética y un compromiso con la escritura dentro de algunos ámbitos editoriales y/o culturales en donde el capital es el que manda.

  1. ¿Cómo descubriste que serías escritor?

Yo no sé si a mí me va la palabra escritor. Me siento más cómodo en la de poeta. Pero de todas maneras no sé cómo la poesía vino a mí, lo que sí sé es que no podría vivir sin ella.

  1. ¿Tienes alguna rutina a la hora de escribir?

Pequeñas cosas. No siempre las realizo. Yo las llamaría constantes. Generalmente escribo primero a mano y luego paso a la computadora donde reescribo y retoco. Escribo por lo general en unos cuadernos escolares típicos de Argentina de tapa color amarilla que se llaman “Cuadernos Rivadavia”. En otra época ponía de fondo música clásica. Bien temprano a la mañana o muy tarde a la noche. Ahora que mi hijo tiene tres años, escribo cuando puedo.

  1. ¿Qué te inspira?

La realidad que me hiere. Algo que veo o siento y me llega al alma, se conecta conmigo.

  1. ¿Cuáles son escritores o libros que más te han influencia para escribir?

Machado. Borges. Neruda. Olga Orozco. Baudelaire. Philippe Jaccottet. Horacio Castillo. Roberto Juarroz. Raúl González Tuñón. San Juan de la Cruz. Silesius.

Esos son los poetas que siempre releo. Después van algunas cosas que siempre están dando vueltas. Rayuela de Julio, el Martín Fierro, La Biblia, Camus, Maupassant, Mircea Eliade. Susan Sontag. George Steiner. Rodolfo Kusch.

  1. ¿Con cuál libro te iniciaste en el hábito lector?

Sin lugar a dudas con Neruda y con una anécdota muy curiosa. Mi madre es fanática del chileno y a mis 10 años yo leía o mejor miraba algunos libros de poemas de Neruda porque estaban ilustrados y contenían dibujos eróticos creo que de Raúl Soldi o de Alonso en unas pequeñas ediciones de Torres Agüero. Yo miraba esos dibujos con curiosidad pero luego leía algo y eso me quedaba, me decía. Recuerdo cómo caló hondo la palabra “crepusculario”.

  1. ¿Cuál es tu libro favorito y por qué?

Son varios pero me quedo con los poemas de Machado, de Borges y de Baudelaire. Machado porque es lo más hondo, la más honda antropología humana, Borges porque es la genialidad de la inteligencia, y Baudelaire porque es la necesaria cuota de oscuridad, el brillo intermitente de la sombra.

  1. ¿Cómo ves el panorama literario en Venezuela hoy día?

No lo conozco a fondo pero he de decir que tienen un variado panorama de poetas que he podido conocer entre 2006 y 2007 cuando estuve entre ustedes por 4 meses. He leído con mucho placer a Cadenas, a Montejo, a Rojas Gardia, a Yolanda Pantin, a Arraiz Lucca, Elizabeth Schön, y muchos otros.

  1. ¿Qué libro le recomendarías leer a Dios?

Cualquiera que hable de la muerte. Una experiencia que a nivel personal pareciera que él no va a tener.

  1. ¿Qué libro le recomendarías al presidente de la república?

Depende qué presidente y qué república. En general recomendaría a cualquier presidente que lea y luego que lea poesía.

  1. ¿Quién es el escritor contemporáneo de Venezuela que recomendarías leer?

Por cariño, por la hondura de sus poemas, por su inteligencia y sinceridad, por su mostrarse hasta la médula: Armando Rojas Guardia.

  1. ¿Qué libro no has podido terminar de leer?

À la recherche du temps perdu, de Proust. Me quedé en el tercer tomo o en el cuarto, pero ya recomenzaré.

  1. ¿Tienes algún mensaje para los jóvenes que se inician el camino de escritura?

¿Quién soy yo para dar un mensaje? pero en fin, lean y escriban. Sean auténticos. Encuentren su voz.

  1. ¿Antes de morir, qué logro en literatura quisieras tener?

Si me guío por la vanidad: todos. ¿Quién no quisiera ganar un premio como el Cervantes o ser publicado por Monteávila, Seix Barral o yo qué sé? Pero tal vez que algún poema mío quedara o mejor aún que algunos poemas hicieran feliz a alguien, lo ayudaran eso es un logro hermoso de la poesía. Tal vez no seamos nosotros. Tal vez sea ella, la poesía.

  1. ¿Has tenido alguna experiencia erótica (excitación) con la lectura? ¿Qué libro?

Sí muchas veces. Pero he de contarte algo mucho más divertido y con el que los psicólogos se harían un festín. Me pasó una vez contemplando en París una muestra de arte abstracto…siii, abstracto. Una excitación sublime y tormentosa al mismo tiempo.

  1. ¿Qué opinión te merece el Movimiento Poético de Maracaibo?

Todo lo que sé, me ha parecido maravilloso. Lo que es admirable es encontrar personas y movimientos que están al servicio de la poesía y no que se sirven de la poesía. En este sentido es admirable el trabajo del MPM

Leandro Calle

Leandro Calle (Zárate, Argentina. 1969) Poeta y Traductor. Reside en la ciudad argentina de Córdoba. Es licenciado en Letras y en Teología. Como traductor ha traducido al poeta marroquí Abdellatif Laâbi: Los frutos del cuerpo (Alción, 2012 y editado en Chile por el Centro Mohammed VI); El Horla, traducción y edición bilingüe del texto de Guy de Maupassant más un estudio crítico (Ediciones del Copista, 2007); Cuentos escalofriantes, selección de cuentos de Guy de Maupassant (Editorial Babel, 2014); Leer hoy el Corán (Alción Editora, 2014) del islamólogo Rachid Benzine. Junto a Kay Reynolds (Fotografía): Almas del Boquerón (Pircas, 2004); Souls of the Boqueron (Pircas, 2005); Kindheit (Pircas 2006) y Passer (Editorial Pircas Argentinas, 2008). Con Jaqueline Vassallo: Alfonsina Storni: literatura y feminismo en la Argentina de los años 20 (Eduvim, Córdoba, 2014). Prologó y seleccionó los poemas del poeta venezolano Armando Rojas Guardia: Íngrimo (Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, 2007). Su obra poética está compuesta, entre otros libros, por: Tatuaje de fauno (El Francotirador, 1999); Una Luz desde el río (Alción Editora, 2001 y 2004); Los Elementos (Alción Editora, 2003); Pasar (Educc, 2004); Noche Extranjera (Ediciones del Copista, 2007); entonces (Alción Editora, 2010). Blasfemo (Alción Editora, 2013), animalia urbana (Dínamo poético, 2014). Su poesía ha sido traducida parcialmente al inglés, al francés, al checo y al árabe. Dirige para Alción Editora la Biblioteca de autores y temas marroquíes.

“Contraste” de Luis Perozo Cervantes

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Como una antología personal, se reedita el número tres de la Colección Puerto de Escala, “Contraste” que reúne los poemas de Luis Perozo Cervantes. “Nos hemos visto en la obligación de resumir esta edición por la crisis de papel y materiales de impresión que vive nuestro país”, declaró el autor. “Aprovechan este cambio, hemos renovado la portada, con una fotografía de la autoria del joven artista plástico Ivan Alejandro Orozco”.

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Luis Perozo Cervantes (Maracaibo, Venezuela. 1989) Poeta y ensayista. Presidente fundador de la Asociación Civil Movimiento Poético de Maracaibo y coordinador del Festival de Poesía de Maracaibo. Condujo durante varios años el espacio radial Poemáticas. Fue directivo de la Red de Escritores de Venezuela en el Zulia (2007-2009) y Coordinador General de la Fundación Andrés Mariño Palacio (2008-2012). Como estudiante de Letras de la Universidad del Zulia (LUZ) se ha desempeñado como representante estudiantil, nombrado por el rector, para la Comisión Cultura de LUZ, que formuló y publicó las políticas culturales de la universidad; y como preparador de la cátedra Taller de Lectura y Comentario de Textos I y II. Desde 2008 ha dictado más de veinte talleres literarios en la ciudad de Maracaibo bajo el auspicio de la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, la Dirección de Cultura de LUZ, la Cátedra Libre Poesía de LUZ, el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, la Gobernación del Estado Zulia y la Alcaldía de Maracaibo, entre otras instituciones. Fue editor del Volante Volátil y de la Revista Volátil. Actualmente preside Ediciones del Movimiento, brazo editorial del Movimiento Poético de Maracaibo. Ha colaborado en revistas físicas y digitales de España, Colombia, Chile, Perú, México y Venezuela. Sus poemas han sido recogidos en las antologías 102 poetas, Jamming (2014) y En la mira del mañana Vol.II (2006). Fue merecedor de la condecoración del Concejo Municipal de Maracaibo en el Día de la Juventud (2015); de la Orden Estímulo al Mérito Literario “Andrés Mariño Palacio” de la Gobernación del Estado Zulia (2007) y de varios reconocimientos de la Escuela de Letras de LUZ y el Vicerrectorado Académico de LUZ por su destacada labor académica. Obtuvo la mención del jurado en el III Concurso Internacional de Poesía “El mundo lleva alas” con el poema Escribir de amor (2011), entre más 500 participantes alrededor del mundo. Con los libros Novalis y el amor del ultratumba y Amoritud resultó ganador del II Certamen La Grapa Literaria (2010), en la mención Ensayo y mención Poesía, respectivamente; convocado por al Dirección de Cultura y la Escuela de Letras de LUZ. Ha publicado los siguientes libros: Noche electoral (2010); Poemas para el nuevo orden mundial (2011); A puro despecho (2012); Semántica de un tornillo enamorado (2012); Poemáticas (2013); Amoritud (2013); Political Manifestation (2014, 2015); LafOrma (2014); Vos por siempre (2015). Contraste es su primera antología.

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“Diario de Viaje” la antología poética de Trina Quiñones se presentará en el 4to Festival de Poesía de Maracaibo

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Ediciones del Movimiento lanza la portada de su más reciente título “Diario de Viaje” que recoge parte de la producción poética de la escritora venezolana Trina Quiñones, quien compartirá en la ciudad de Maracaibo la presentación de esta, su primera antología, durante los días 4to Festival de Poesía de Maracaibo.

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Trina Quiñones (El Tigre, Venezuela. 1950) Abogada egresada de la Universidad Santa María. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y Artes Escénicas en la Universidad Nacional de Brasilia. Se desempenó durante cuatro años como abogado coorporativo de diversas empresas. Ha sido correctora de traducciones del Ruso al Español y traductora de poesía brasilera. Durante varios años ha sido tallerista del reconocido poeta y ensayista Armando Rojas Guardía (miembro honorario del Movimiento Poético de Maracaibo). Ha colaborado con las revistas: Meya ponte (Brasil), Alforja (México), El jabalí (Argentina), Bestik Magnetogorak (Federación Rusa), Boletines de la Academia de Literatura Rusa (Federación Rusa). Sus poemas también han sido publicados en papeles literarios de México y Brasil. Colabora como traductora, poeta y narradora en diversas páginas webs. Su obra ha sido traducida al inglés, portugués y ruso. Ha recibido diversos premios en Brasil, Venezuela y México, entre ellos, la I Bienal Internacional de Brasilia. Es Miembro Correspondiente de la Academia de Literatura de Moscú, Miembro Honorario del Instituto de la Amistad Ruso-Venezolana, Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES) y Miembro activo del Círculo de Escritores de Venezuela. Ha publicado los siguientes libros: Mutación o de cómo la cautiva escapó del espejo (1991); Caminos de integración (1993, Libro colectivo); Fugitiva (1993); Ejercicios de amor (1999); Nómada de lo invisible (2000); Juegos de Invierno (Mi diario moscovita) (2000); Poemario (2008, Libro colectivo de la I Bienal Internacional de Brasilia); La Mujer Rota (2008, Libro colectivo); La voz de la ciudad (2012, Libro colectivo); 102 poetas, Jamming (2014, Libro colectivo); 100 mujeres contra la violencia de género (2015, Libro colectivo). Diario de Viaje es su primera antología.

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