De Holas y Adioses de Rafael Tiano

Rafael Tiano (Maracaibo, Venezuela. 1985.)

Lector, músico y poeta. Licenciado en Musicología de la Universidad Católica Cécilio Acosta (Maracaibo, 2006) y licenciado en Gerencia de Recursos Humanos de la Universidad Dr. José Gregorio Hernández (Maracaibo, 2013). Sus poemas aparecen recogidos en las antologías: “Despedidme del sol y de los trigos”, “1er concurso de poesía por amor al arte”, “La vida es verso”, y “Deshojando sentimientos”. En la actualidad reside y labora en Ciudad del Carmén, México. Es autor de dos poemarios ambos publicados por Ediciones del Movimiento: “De holas y adioses” (Primera edición de 2013 por Ediciones Madriguera) y “Travesia” (2014).

mercado

Anuncios

Trina Quiñones

Trina Quiñones
(El Tigre, Venezuela. 1950)

Trina Quiñones

Abogada egresada de la Universidad Santa María. Estudió Letras en la Universidad central de Venezuela y Artes Escénicas en la Universidad Nacional de Brasília. Se desempeñó durante 4 años como Abogado Corporativo de diversas empresas. Ha sido correctora de traducciones de poesía del ruso al español y traductora de poesía brasilera. Ha sido tallerista del reconocido escritor y ensayista Armando Rojas Guardia. Colabora con la revista Meya Ponte (Brasil), Alforja (México),  EL Jabalí  (Argentina), Boletines de la Academia de Literatura de Moscú, Revista Bestik Magnetogorak (Federación Rusa). Sus poemas también han sido publicados en papeles literarios de México y Brasil. Colabora como traductora, poeta y narradora en diversas páginas web. Su obra ha sido traducida al Inglés, Portugués y Ruso. Ha recibido diversos premios a su poesía en Brasil, Venezuela y México; como la I Bienal Internacional de Brasilia. Es Miembro Correspondiente de la academia de Literatura de Moscú, Miembro honorario del Instituto de la Amistad Ruso-Venezolana, Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES) y Miembro Activo del Círculo de Escritores de Venezuela.

Obra poéticaMutación o de cómo la cautiva escapó del espejo (1991); Fugitiva (1993); Caminos de integración (1993); Ejercicios de amor (1999); Nómada de lo invisible (2000); Juegos de invierno (2000); POEMARIO (2008); La Mujer Rota (2008), La voz de la ciudad (Caracas, 2012).


Selección de poemas

*
Delia resplandece

para Adriano González León
(In memoriam)

Andrés que te encuentro
que somos dúo y multitud y uno
Andrés que me inundas de fluidos

y la ciudad trepida
hay vocerío de balas y de gases
la sangre circula apresurada
por hondonadas de riesgos
suicidas apuestas

Andrés que te busco sin buscarte
mis cuadernos  el café  la tarde declinando
mis ojos en los tuyos   Andrés

tus manos que abren mi vestido
mataron al catire
Andrés
tocas mis olores
siete desaparecidos  Andrés
nuestros sudores por fin juntos

la policía  pasos presurosos
la delicia de que entres en mí

estamos rodeados   Andrés
nuestros cuerpos tensados
buscando el estallido

coronada de resplandores y de balas
mis ojos se apagan
Andrés

*
el futuro ha llegado…

el futuro ha llegado
y nunca pudimos sospechar
lo que sus alas arrastraban

muchachos desocupados
patean latas vacías
en la negritud del callejón

la mujer espera ansiosa
al marido que no llega
y entonces
oye a Bebo y Cigala

acuesta a la hija
para siempre menor
y la convence de que
el mundo es bueno
que los sueños existen

y duerme el mañana

*
ahora…

ahora
miraré directamente
a los ojos purulentos
de la ciudad

y no habrá preguntas
ni respuestas

sólo la desnudez
de un lazo roto
que yace sobre el diván

*
ella…

ella ha vuelto a escuchar esas voces
que le susurran
que es fea y mala

y llora
llora porque su corazón
está solo y oscuro

cerrado para el amor
con mil cadenas

*
el tren

por qué no sales de ese compartimiento
de mentiras donde te crees seguro

qué diré al colector
cuando se percate
de que mi ticket es inválido

me creerá cuando balbucee
que todo ha sido un error
que todo estaba en orden
para siempre jamás

cuál  rumbo tomarán
mis zapatos viejos
llevaré mi sombrero
eguiré siendo bella

*
la  fotografía

¿Cómo estar más cerca estando dentro?
GULLEVIC

mi yo
que  contemplas
y deseas

contemplo y
deseo

tu yo
dentro de mí

*
fui magníficamente  cocida

a Rafael Cadenas

fui magníficamente cocida
en el molde de las obligaciones
visto así
la espera será infinita
(quisiera tener algo que decir)

mis dones
me fueron retirados
la poesía
me ha producido náuseas
es preferible desaparecer
de todas formas
me siento borrada
y cualquier maniobra
inútil y falsa

todos los cuerpos
todas las voces
huyen
y los verdes
ya no cantan en mí

Ricardo Yañez

Ricardo Yáñez
(México- Guadalajara. 1948)

Poeta, periodista, docente y promotor cultural. Ha dirigido talleres de poesía, de escritura periodística y de sensibilización a la creatividad alrededor de todo México. Ha sido docente universitario y profesor de secundaria. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México. Estudió Letras en la Universidad de Guadalajara y en la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Obra poética: Divertimiento (1971); Escritura sumaria, (1977); Ni lo que digo (1985); Dejar de ser (1994); Prosaísmos (1995); Antes del habla (1995); Si la llama (2000); De rendimiento (2000); Estrella oída (2002); Una vez, una vida (2011).


Selección de poemas

*
El corazón es músico, se sabe,
y calladito dice lo que dice:
Yo nunca quise amar, pero te quise,
va diciendo y lo dice en modo grave.
Dice también que dónde está la llave
del habla que te hablaba, que qué le hice,
y me pide o me obliga a que te avise
que aún te sigue amando, en lo que cabe.
Enceguecido pájaro o estrella
que nada mira pues su luz la ciega,
mi corazón me exige, no, me ruega
recordar una tarde, aquélla, aquélla
en la que todo dijo tan callado
que se supo por fin si fin amado.

*
Si me emborracho pienso en ti.
Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto,
a los cigarros alas, al tequila sauza,
¿en quién voy a pensar?
Hay un Ricardo Yáñez que me pega, que todo el día
me pega,
y hay un Ricardo Yáñez que te ama. Ése es el bueno.

*
SU CORAZÓN es una música
que todavía no aprendo
y es su mirar la claridad
en la que soy sin miedo
Llegó como una lluvia
no sé cuándo se vaya
huele como al laurel
después de la batalla
De entre sus brazos salgo
como el pájaro al cielo desde el árbol
nunca he sido mejor que cuando oigo
mi nombre de sus labios
Un día dejará de quererme
un día como todos moriré
mientras eso sucede véanme

*
UNA MUJER a la que podría haber amado está llena de mí,
más llena que del sol
que le pone los labios como si fueran míos,
más aún que de esa su propia sonrisa cuando
por segunda y efímera y quizá última vez nos vemos al pasar.
Una mujer a la que no conozco y a la que sin embargo he conocido ya
me ha dicho, sin decirlo, sin para qué decirlo,
que me ama.

*
Te FUISTE y de tus ojos sonreidores
un halo me quedó que ando expresando
sin saber ni por qué ni cómo o cuándo
ni menos para qué. De los sudores
aquéllos me olvidé, que los amores
como llegan se van, mas los dulzores
de tu mirada ciertamente vasta
todavía me iluminan. Y devasta
saber que sólo queda esta saudade,
esta ausencia de mí que mi yo invade
cuando pienso en tus ojos y los canto.
Pudiera convertirme en sólo llanto
de no ser que detiéneme el encanto
de tu mirar perdido. Cuán persuade.

*
TODO POR NO escribir cuando se debe,
por dejar para después lo que es ahora.
Ahora ya no sé qué decía sobre las f lores de Rumania,
ahora ya no sé lo que sentía
el día, la tarde
de ayer. Una bella tarde, llena de f lores
que se fueron. Todo por no escribir.

*
MI ABUELA se llamaba María Félix, pero se hacía llamar Felisa.
Licha le decíamos.
Vendía cacahuates ya de vieja
y mantenía a mi tío Toño, que murió de cirrosis.
Nunca la vi llorar, y eso que perdió a su marido en la Cristiada,
aunque él no era cristero,
sino que como tenía nueve hijos (mi madre la mayor, de nueve años)
y todos tenían hambre, mucha hambre, pues dijo sí, pero me dan arroz,
y a los tres días de andar de lleva y trae —es que era arriero—
le aplicaron, en Ayo, la ley fuga,
y luego le pasaron los caballos encima.
Muy sonriente mi abuela, con sus brazotes fuertes,
su pelo, que nunca llegó a ser del todo cano, casi siempre suelto,
marcando el borde del escote de la blusa bordada,
y aquellas faldas como de soldadera.
Muy sonriente mi abuela, cantarina,
no como mi mamá, que sabía lo que hacía cuando cantaba,
sino como ella sola, por su gusto, porque sí, ¿verdá, m’ijo?
Por ella se llamó Félix mi tío Félix, que luego, con el tiempo,
se volvió loco,
como, me dicen, también el tío Rafail,
que terminó juntando en un botecito
los clavos que escupía y le salían de adentro.
A mi mamá se la dieron a los Lepe
cuando murió mi abuelo, para que no anduviera recogiendo
rabitos de caña
en el basurero (doña Angelina siempre fue muy buena, nos decía,
y todavía los cuates, sus hijos, nos llegaron a llevar
unos baldezotes colmados de naranjas).
La tía Francisca se casó con Chuy, un grandulón que se la pasaba
en Estados Unidos
y al que una vez vi abriendo un veliz azul marino
en el que traía el regalo de siete pantaletas de diversos colores
con las palabras Lunes, Martes, Miércoles, caligrafiadas en hilo de seda.
Falta mi tía María (los otros no llegaron a lograrse),
que tuvo 21 hijos y le viven 18. Hace ya mucho no la veo.
Cuidaba un terrenito allá en Coyula, camino a Tonalá.
Un día al mediodía la encontré,
chaparrita y prietita como es, con su vestido rosa rosa de raso y tul
sentada en la banqueta de una esquina,
sus ojitos redondos, divertidos, revolcados,
y los tacones blancos botados en el pavimento.
Vieras que cansada estoy, dijo, y extendió su sonrisa
y echó luego a reír, ayúdame a parar, no seas malito…
María Félix, les decía, se llamaba mi abuela, mamá Licha,
que siempre que llegaba de donde anduviera,
porque andaba en Degollado, en Arandas, en Tiripitío,
llegaba con dos barras de alfajor de seguro mercadas en la Central.
Llagaba para entonces con Zenón, el federal, un flaco bigotudo,
botudo y sombrerudo,
que Dios sabe que se hizo,
y se iban los dos a los dos días. Mi madre era sufrida, aunque hasta eso
alegre, pero mi abuela era luchona
y nunca se enojaba.
Veía pasar una parvada en el verano
y otra
o veía venirse una tormenta
y ella como si nada, o mejor, como si toda cosa que pasara
le hubiera sido dada desde siempre.