Armando Rojas Guardia

Armando Rojas Guardia
(Caracas, Venezuela. 1949)

Armando Rojas GuardiaPoeta, ensayista, tallerista literario. Hijo del poeta caraqueño Pablo Rojas Guardia (1909-1978). Durante los primeros siete años de vida se residenció en Praga, Haití y Nicaragua como consecuencia de los cargos diplomáticos de su padre. En su juventud vivió en Bogotá, en Friburgo (Suiza) y en Solenriname (Nicaragua), con Ernesto Cardenal. Posteriormente su vida ha transcurrido entre Caracas- Méridayha estudiado con profusión la filosofía; ha pasado días de pasión y noches de insomnio donde procedió a la relectura estudiosa de textos fundamentales de San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Góngora, Eliot, Blanchot, Bernanos, Deleuze, Barriles, Borges, Huxiey, Ritke, Joyce, Nietzsche, Maquiavelo, Kant, Pessoa, Faulkner, Kafka, Rimbaud, Milton, Blake, Sade, Jüng, Bataille, Pavese, Dante, Ricoeur, Camus, Lezama Lima, Octavio Paz, Cadenas. Su vocación como escritor se inició en su hogar y jugó un papel importante su participación en el Taller de Calicanto de Antonia Palacios, la cual se cimienta con su activa participación en la formación del Grupo Tráfico (1981). Ha desempeñado una amplia labor cultural y docente vinculada a la literatura, y es una de las voces fundamentales de la poesía venezolana contemporánea, así como un destacado ensayista.

Obra poéticaDel mismo amor ardiendo (1979); Yo que supe de la vieja herida (1985); Poemas de Quebrada de la Virgen (1985); Hacia la noche viva (1989); Antología poética (1993); La nada vigilante (1994); El esplendor y la espera (2000), Patria y otros poemas (2008); Mapa del desalojo (2014).


Selección de poemas

*
De Poemas de quebrada de la virgen

Aquí, en esta casa,
donde cada palabra, cada gesto
son sólo los dóciles ecos de luz
inmaculada,
inapelablemente última,
añoro para ella
(la cháchara mujeril de la poesía
con sus técnicos chismes de ocasión
tan fotogénicos –whiskey en mano-
sobre la página social
de algún Suplemento Literario)
le añoro, digo, algo de la casta
doncellez de la madera
recibiendo
la frugalidad silenciosa de una cena,
de la última cena

*
(A Miguel Márquez)

El sabor del agua después de gustar la picadura
holandesa de mi pipa.
El rojo asoleado del capó de un automóvil
donde canta la salud del siglo XX
La terca, muda, compacta verticalidad de la pared
-sacramento de la paciencia de las cosas
soportando, día tras día, el desorden de mi cuarto.
Los tristísimos ojos de Charles Baudelaire
-fotografiados ahí, sobre la mesa-
mendigos aún de la hermosura.
La silueta del gato visto anoche
jadeante y sigilosa como la luna de Edith Piaf.
La torpeza de aquel piano –tres apartamentos más abajo-
donde las manos de alguna pálida vecina ensayaban a Chopin

(bendito seas, Señor, en esta tarde cargada de misiles,
porque resuenan fragantes todavía la tos almidonada
y el frac y el malabar y la lavanda musical de Federico).
Aquel epicúreo rectángulo de sombra bajo el porche.
El color de la trinitaria en el crepúsculo
recordándome otra tarde en Nicaragua
en que bebí morado líquido (un jugo casual de pitahaya).
La risa de Miguel, para saber que existe el Paraíso
en la franja tropical de la memoria.
Haría falta también nombrar el cuento múltiple
de lo que me hace más sabio a su contacto:
el 3er, movimiento de la 9a. de Beethoven,
el cósmico juguete que son los dedos de Thelonius
tocando “Round Midnight”, un solo lentísimo de Parker
-por ejemplo, “Lover Man”- en la mañana
cuando el abrazo se demora, insiste, recomienza,
aquel poema de Ezra Pound, el que termina: “…la aurora entra en el cuarto,
con pasitos menudos,
como una dorada Pavlova…”,
ciertas páginas calientes de Lezama
en que huele a malecón, las olas rompen
e incluso el mar tiene un color de daikirí,
aquella última secuencia de la película de Chaplin
(la ex ciega y el mendigo se consuelan
de su imposible amor, con la mirada).

Enumeraría igualmente esos instantes
inocentes, su gloriosa mansedumbre
que no vistió, desde luego, a Salomón:
el momento más justo del acorde,
la simetría sedante del paisaje,
la esbeltez japonesa de la curva,
la gravidez sonora del volumen,
la santa promiscuidad de los colores:

me refiero a Tus poemas menudos dibujando
la infinita secuencia de la anécdota
que le cuenta a mi muerte Scherezada
en la penúltima, horrenda, bella noche.

 

*
(A Alberto Barrera)

No buscados, hoy amanecen
el pan sin el soporte de la mesa,

el agua regia sin el vaso,
el árbol sin las letras que lo escriben o pronuncian,
el pájaro puntual en la ciudad dormida.

La lluvia pisa la grama y resucita
vírgenes perfumes. La cal nueva
fulge en la pared del campanario
donde el domingo me convoca.

Ese trozo de musgo en el asfalto
me recuerda que el Mundo, subversivo,
derrota a la Historia finalmente. Y con él,
vence este día, cabal e impronunciado,
rendimiento en su fasto la basura
acumulada ayer sobre la acera.

Hay asueto en la entraña del silencio
y hasta las motocicletas braman hoy
en el vacío festivo, como un circo
de animales prehistóricos jugando
en la infancia silvestre del oído.

La calle de siempre es otra calle:
una estampa escrita por detrás
en la caligrafía primera de la luz.
No hay mariposas, pero en cambio
los ojos de aquel perro, bajo el porche,
agradecen, acuosos, el sol tibio.

Me miran ignorando su dulzura
en la extática plegaria del instinto.

¿Cómo cristalizó el mito de esta hora
en el ateísmo líquido del tiempo?
Alguien dibuja el día por nosotros.
Alguien me ama hoy, secretamente.

*
Así como a veces desearíamos
que Karl Marx y Arthur Rimbaud
se hubiesen conocido en una mesa
de algún Café de Londres,
mientras en el agua sorda del Támesis
-ahíta de grumos aceitosos
que flotan entre botellas y colillas
y ropa gris de gente ahogada-
espera el Barco Ebrio, ya sin anclas,
a que el fantasma que recorra Europa
suba también, para zarpar
(Karl, vestido con blue jeans marineros
se despide de Engels en el muelle
y Tahúr hace lo propio con Verlaine
-los sueños insolentes hasta ahora enfundados
en la gorra que usó él mismo en la Comuna);

así como, a estas alturas, quisiéramos
que Hegel, apeado del estrado de su cátedra,
hubiese visitado a Hölderlin un día
en su manicomio oculto de la torre
para escuchar cómo el demente
-sin reconocerlo tal vez en su delirio-
le habla de un viejo amigo de Tubinga
con quien, en mitad de una fiesta adolescente,
bailó una mañana, junto a un árbol
por ellos mismos levantado
(“Libertad”, lo llamarían)
tan fieros y felices como niños orinándose,
con el impudor de los puerros, frente al rey
(en la siesta monocorde del verano,
recordando novias suavísimas de Heidelberg,
los dos compañeros se confiesan:
la razón deben pedirle a la locura
su danza irreductible, la inocencia
con que el loco Hiperión, desde su torre,
enseña al profesor de la luz blanca,
la rosa de los vientos del Espíritu,
no termina en el Estado de los Césares,
se burla de las Prusias de los Káiseres);

así querría yo hoy que a William Blake
lo hubiesen dejado predicar un solo día
sobre el púlpito labrado de una iglesia
-la catedral de Westminster, por ejemplo-
en presencia de arzobispos y presbíteros
y de una multitud de feligreses
harta, como todas, de sermones.
Imagino el viento sagrado resonando,
por primera vez, junto a los mármoles,
mientras los cuerpos, desnudados por fin
como a la hora del agua o del amor,
se erizan con el paso del Dios vivo
y tiemblan ante el olor de Cristo el Tigre
devorando las ingles de las almas,
ahora tan intactas, tan ebrias y tan vírgenes
como la de aquel niño canoso viendo ángeles
a la hora en que arde Venus sobre Lambeth
y hasta las prostitutas de Soho profetizan.

 

*
Poemas I y II de “La nada vigilante”

Espero al poema
Como aguardo el placer al inicio de la cópula,
Lentísimo fértil

Espero al poema atisbando su llegada
en el ápice mismo donde cruje
y levanta las alas.
Espero al poema adviniéndome,
pulsándome desde el vacío mental,
demorándose bajo la red de mis nervios
inmóviles como la página blanca
que me arde en los labios.
Espero el poema, su olor difícil
en la pulpa del deseo,
su ráfaga entre las grietas de la atención,
su pausa virgen que la letra goza.
Espero al poema con los ojos de mi madre,
ávidos desde la muerte.

 

*
El poema imposible
me desgasta de antemano.
Deletreo sus sílabas sin saberlas,
dispuesto sólo a un aire diáfano
moviéndose en mi boca para nadie.
Tanteándome roto de palabras
voy dejando que crezca en mi costado

un florecimiento de mudez
donde rebrille la atención inmóvil.
Está hueca la voz
como un nombre de cadáver
pudriéndose en el centro de la página.
Pero me acostumbro al jadeo
a la ronca lisura.
Nada hay detrás del pensamiento,
nada en estas metáforas,

apenas la exacta vigilia
para otear cómo brota inalcanzable
el cactus del poema.

 

*
Debería ser
no digo ya mi esposa fiel,
pero sí mi amante,
por lo menos;

sin embargo,
lo confieso – es hora
de que se sepan
estas irregulares relaciones
para evitar un escándalo más tarde-
es imposible conquistarla,

me traiciona:

se va por temporadas,
luego vuelve
cuando quiere,
no cuando la llamo,
cuando le grito, la busco
o le hago señas;

la sorprendo con otros
cuando la creía más mía
y lo peor es
que a veces
luce mejor con ellos
que conmigo;

en ocasiones la maltrato,
la castigo , la golpeo,
para que me deje poseerla
o si no,
me maltrato yo mismo
en su presencia,

me someto a autocastigo,
a disciplina,
para ver si se conmueve
pero nada;

a ciertas horas, como ésta
es casi fácil seducirla
y es muy intenso el goce,
la redondez brillante del abrazo;

también es fácil perdonarla
entonces
por la vida que me hace llevar
al lado suyo:

pero no tardará en irse
de nuevo,
la conozco.

Anuncios

2 pensamientos en “Armando Rojas Guardia

  1. Pingback: PROGRAMACIÓN DEL III FESTIVAL DE POESÍA DE MARACAIBO | FESTIVAL DE POESÍA DE MARACAIBO

  2. Lo vi en “Entreversos” hoy en mi domingo de ramos.Y lo lloré llorándome,y lo amo desde hoy y hasta siempre.Cuan tocado por Dios este otro dios armando rojas guardia.Al verlo presentí que algo nos involucraría,y en efecto,Federico García Lorca. Necesito participar en sus talleres literarios.Beso!
    (madre de israel soteldo,iraida castro.)

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s